Casi una década pasó para que se resolviera el doble crimen de dos jóvenes en medio de uno de los periodos más calientes en el barrio Campo Papa de Godoy Cruz. Fue el 20 de marzo de 2014, cuando Diego Jesús Flores y Raúl Martín Rivas Estay iban a bordo de una moto por las calles de ese popular asentamiento y recibieron una serie de impactos de bala que terminaron con su vida.
Desde un principio, la investigación apuntaba contra tres hermanos de apellido Sosa, quienes residían en la zona y eran vinculados por los detectives policiales como parte de bandas que se disputaban el territorio de venta de drogas en ese sector del oeste godoicruceño. Por esos días, era dominado por Sandra Jaquelina Vargas, más conocida como la Yaqui, quien tiempo después iba a terminar condenada por ese delito y también por lavado de activos.
Uno de los hermanos, llamado Franco Darío Sosa (29), se transformó en el primer condenado por este hecho de sangre, poco más de un año después del doble asesinato.
El año pasado, la Suprema Corte confirmó en fallo en su contra y pidió que se investigara a dos de sus hermanos, quienes terminaron detenidos con el paso del tiempo. Al cabo de algunos meses, uno de ellos fue condenado.
Se trata de Cristian Fabián el Gordo Sosa, de 33 años. Confesó este martes los asesinatos durante un juicio abreviado inicial acordado entre su defensa y el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello, quien tomó intervención en el nuevo expediente que se inició luego del fallo del máximo Tribunal.
Luego de admitir la autoría, la jueza María Julieta Espínola, del Juzgado Penal Colegiado Nº 2, le impuso la pena, previamente pactada entre las partes, de 10 años y 8 meses de encierro como coautor del delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego (dos hechos). Fuentes judiciales señalaron que no contaba con antecedentes previos, por lo que se trata de la primera condena que recibe en su contra.
Por su parte, agregaron, el tercer hermano Sosa, quien fue el último en caer, hacia fines de marzo de este año, quedó en libertad semanas atrás y en un futuro próximo será sobreseído, por lo que la causa quedó prácticamente cerrada.
Dos familias en pugna y un desenlace fatal
La investigación que se inició hace casi diez años sostiene que, por aquel entonces, los hermanos Sosa llevaban un tiempo enfrentados a otra familia por conflictos que tenían un trasfondo relacionado con la comercialización de estupefacientes. Pese a eso, en el expediente sólo quedó plasmada la versión de que atravesaban “problemas de convivencia”.
Tan es así que Franco Darío Sosa se encontraba sindicado por amenazas y lesiones cometidas durante 2013, de acuerdo con las denuncias radicadas por la gavilla familiar antagonista. Incluso, por esos hechos también fue condenado durante el juicio que se hizo en 2015.
Lo cierto es que esos encontronazos entre ambos grupos desembocaron en el doble homicidio de Flores y Rivas la noche del jueves 20 de marzo de 2014.
Ese día, alrededor de las 21, el Cafú y el Gordo Sosa se dirigieron hasta la vivienda de calle Perón, en el sector 11 del Campo Papa, donde residían sus rivales. Ambos portaban armas de fuego y amenazaron a una mujer porque “les habían batido la cana” y le aseguraron que “la iban a cagar a tiros”.
Ante el temor que le generaron, la mujer entró a su casa para protegerse, según lo que declaró en el expediente. Acto seguido, los hermanos Sosa comenzaron a efectuar disparos y ante ellos se interpusieron Flores y Estay, quienes circulaban justo por la zona en una Gilera 150cc negra.
Las dos víctimas fueron alcanzadas por los plomos y cayeron junto al rodado sobre la calzada. Por eso, los trasladados hasta el Hospital El Carmen. Sin embargo, los médicos no pudieron hacer nada para salvarles la vida ante la cantidad de impactos de bala que presentaban. Así, al cabo de algunos minutos, ambos murieron.
Desde la génesis de la instrucción, los hermanos Sosa fueron marcados como los matadores, pero sólo fue detenido el Cafú, mientras que los otros dos permanecieron prófugos hasta que el Ministerio Público desistió de que fueran puestos a disposición de la Justicia por el hecho de sangre.
Así, Franco Darío llegó en solitario al juicio oral y público en el segundo semestre de 2015. El 9 de octubre de ese año, la Segunda Cámara del Crimen integrada por Mateo Bermejo, José Valerio y Roberto Uliarte lo condenó a 18 años de encierro por el doble crimen y otras causa que se acumularon de coacciones, amenazas y lesiones leves.
Los defensores Martín Ríos y Matías Aramayo casaron esa resolución y recién en agosto del año pasado la Suprema Corte se expidió y no sólo rechazó el recurso presentado por los letrados, sino que terminaron por complicar a los hermanos del Cafú, quienes fueron detenidos en el transcurso de los meses posteriores, terminando con la sentencia de este martes contra el Gordo Sosa.
