La Secretaría de Ambiente de Mendoza inició este martes los trabajos de relevamiento para calcular los daños producidos en la flora y fauna del pedemonte tras los incendios desatados por el Zonda este fin de semana. Se estima que requerirá entre tres y cuatro décadas la restauración ecológica y que el paisaje vuelva a lucir como antes.

En total, las llamas afectaron 4.000 hectáreas en El Challao, en Las Heras, y en distintos puntos de Luján de Cuyo, principalmente en Cerro Los Cóndores y La Crucesita. 

En estas zonas predomina vegetación herbácea, como pastos, y especies arbustivas: jarilla macho, molle, altepe y monte negro, entre otras.

En lo que respecta a los animales silvestres, cuenta con aves, mamíferos y reptiles. Algunos de ellos importantes, por ser endémicos de la región, es decir, que evolucionaron allí y no viven en ningún otro lugar del planeta.

Sebastián Melchor, director de Recursos Renovables, señaló que hasta el momento no se han detectado casos de animales muertos que abundan en la zona como zorros y roedores, pero estiman que el proceso de restauración de la flora del pedemonte llevará “décadas” y un trabajo sostenido en los primeros cinco años.

Iniciará en agosto del año que viene con la plantación de ejemplares provenientes del Banco de Germoplasma de la Provincia, que acopia semillas de flora nativa. 

“En algunas zonas que ya estaban frías comenzamos hoy (martes) a hacer el relevamiento y nos llevará varios días para tener, al menos, un informe preliminar. Luego realizaremos otro más profundo, con imágenes satelitales y lectura de drones para analizar la dimensión de los daños”, señaló Melchor.

Y agregó: “Durante el incidente el personal de Fauna estuvo recorriendo la zona al igual que brigadistas, no hemos tenido mayores novedades en cuanto a los animales, no hemos encontrado casos, pero lo iremos viendo a medida que avance”.

Cómo se restaura la vegetación

Emilia Fernández, doctora en biología e ingeniera en Recursos Naturales Renovables, especialista en restauración ecológica y revegetación de zonas áridas degradadas, del IANIGLA- Conicet, trabajó en la restauración ecológica del Cerro Arco del 2018 y de Potrerillos en 2019. Aseguró que el pedemonte no volverá a ser el mismo en corto plazo.

Hay investigaciones que hablan de entre 30 y 40 años para la restauración”, dijo Fernández y señaló que después de cinco años, aún se pueden percibir los daños en el Cerro Arco y la flora aún no se recupera.

La especialista explicó que si bien, los pastos son los primeros en aparecer, la recuperación de la jarilla lleva un proceso lento. “En algunos casos, las plantas no rebrotan después del incendio”, dijo y detalló que, en estos casos, se hace reforestación.

Es un esfuerzo grande y difícil, no sólo por los fondos que hay que conseguir, se necesitan producir plantines, llevarlos al lugar, que muchas veces es inaccesible y regarlos, porque necesitan una ayuda inicial”, refirió.

La importancia de la jarilla y los pastos

La vegetación del pedemonte provee de un sinfín de servicios ecosistémicos a la población, uno de los más importantes es disminuir la escorrentía de agua, mejorar la infiltración cuando se producen lluvias torrenciales y frenar el arrastre de sedimentos.

Además, cumplen otras funciones, como ser hábitat o refugio y alimento de la fauna local. 

Fernández sostuvo que se deberá hacer un exhaustivo análisis de la zona afectada para elegir la estrategia a seguir, entre ellas, la de cercar ciertos espacios donde tiene incidencia el ganado. 

Los animales del monte

Agustín Zarco, doctor en Ciencias Biológicas del Conicet, precisó que en el pedemonte existen animales de gran relevancia. 

“Algunos de ellos son realmente importante, por ser endémicos de la región, esto significa que evolucionaron aquí, y que no viven en ningún otro lugar del planeta. Ejemplos de ellos son el cacholote pardo (Pseudoseisura gutturalis) o el canastero castaño (Pseudasthenes steinbachi) y aves insectívoras que nos brindan servicios al controlar insectos perjudiciales”, enumeró.

El investigador destacó que estas aves están empezando su temporada reproductiva y construyen nidos de palitos en los arbustos. “Quizás los adultos pueden escapar del fuego, pero los pichones no”, dijo y agregó que luego del siniestro, sólo les queda volver a buscar un nuevo parche de bosque nativo para rearmar un territorio y construir un nido.

Si bien Ambiente no detectó animales muertos hasta el momento, Zarco afirmó que ante un incendio, algunos ejemplares pueden huir, pero los pichones y cachorros quedan a merced del fuego y el humo. 

Muchas especies no pueden desplazarse mucho, como sucede con los reptiles, o algunos roedores nativos conocidos como tunduques, que viven en madrigueras, por lo que mueren calcinados o asfixiados”, dijo. 

Y sumó: “En un incendio no sólo se pierden los individuos, se pierden también las interacciones entre especies. Por ejemplo, algunos picaflores dependen de las flores de ciertos cactus para vivir. Quizás el picaflor pudo volar y alejarse, pero ese cactus que se quemó no volverá a florecer, perjudicando al picaflor. Por ello, estimar las pérdidas es extremadamente complejo”.

Por otro lado, especificó que “luego de perder la vegetación, además de la erosión, suelen colonizar la zona especies vegetales exóticas, como la rosa mosqueta. Estas generan un ambiente muy diferente al monte nativo, y muchas aves ya no vuelven a colonizar en el futuro ese sector”.

Reinsertar animales

El biólogo se mostró en contra de la reinserción de animales, al asegurar que las especies que estaban en cautiverio se inmunodeprimen. 

“Esto genera que contraigan patógenos que nunca tendrían estando en la vida silvestre y, al liberarlos, se lo transmitan al resto de la fauna, generando epidemias. Además de que si el incendio quemó su hábitat, ¿dónde liberarlos? No se puede liberar un ave en un sitio cuyo territorio ya está ocupado pro otro individuo de la misma especie. El tema de liberar fauna es realmente peligroso, y el remedio se vuelve peor que la enfermedad”, sentenció.

En este sentido, expresó que los ambientes quemados necesitan ser restaurados para que vuelvan a tener una vegetación similar a la que tenían antes del incendio y que, con el tiempo, algunas especies lo recolonicen.

“Son procesos que llevan mucho tiempo y esfuerzo, porque además de sembrar las especies nativas, hay que evitar la propagación de especies foráneas, exóticas, que generan un gran problema como la rosa mosqueta. Hay ejemplos de muy buenos trabajos en Mendoza luego de incendios en Potrerillos y en el Cerro Arco. Ojalá se repliquen aquí”, concluyó.

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