En los alrededores de San José de Vinchina, en el extremo oeste de La Rioja, el suelo guarda un misterio que desafía al tiempo y a las explicaciones tradicionales. Allí se encuentran las llamadas Estrellas de Vinchina, geoglifos indígenas trazados entre los siglos X y XV que, para la arqueología, habrían cumplido funciones agrícolas, astronómicas y rituales. Sin embargo, más allá de la mirada académica, el sitio alimenta desde hace años especulaciones ufológicas que reabren una pregunta inquietante: ¿y si no estaban destinadas solo a los hombres?

Las figuras, claramente visibles desde puntos elevados o desde el aire, presentan formas estrelladas, simétricas y precisas, realizadas removiendo piedras oscuras para dejar al descubierto el suelo más claro. No parecen pensadas para ser apreciadas a ras del suelo, un detalle que para investigadores alternativos resulta clave.

Desde la ufología, una de las teorías más difundidas sostiene que las Estrellas de Vinchina pudieron funcionar como marcadores visibles desde el cielo, una suerte de señalización permanente en un paisaje árido y desolado. La comparación con otros geoglifos del mundo, como las Líneas de Nazca en Perú o los trazados de Sajama en Bolivia, es casi inevitable: grandes diseños geométricos, solo comprensibles en su totalidad desde el aire.

Otra hipótesis sugiere que no se trataba de “pistas” físicas, sino de códigos simbólicos de comunicación. Las estrellas habrían representado cuerpos celestes específicos o “estrellas madre”, formando un lenguaje ritual destinado a entidades asociadas al cielo. En este marco, el acto de trazar los geoglifos sería una forma de invocación o señal, más que una obra decorativa o utilitaria.

También existe una línea especulativa que vincula el sitio con energías naturales del terreno. Vinchina se encuentra en una región atravesada por fallas geológicas y fuertes contrastes naturales. Para algunos investigadores no convencionales, las estrellas marcarían o activarían puntos de energía, funcionando como una suerte de antenas simbólicas. No es casual, señalan, que en zonas rurales del oeste riojano se repitan desde hace décadas relatos de luces errantes y objetos luminosos silenciosos.

La teoría más audaz plantea que los pueblos originarios no habrían creado los diseños de manera autónoma, sino que los habrían replicado a partir de conocimientos transmitidos por “seres del cielo”. Así, las Estrellas de Vinchina serían una memoria cultural codificada, preservada en el paisaje ante la ausencia de escritura.

Lo cierto es que, a diferencia de otros sitios arqueológicos, las Estrellas de Vinchina no tienen aún una explicación definitiva. No cumplen una función habitacional, defensiva ni productiva directa. Y cuando una cultura invierte tiempo, organización y esfuerzo en modificar el territorio de esa manera, la pregunta resulta inevitable: ¿para quién estaban pensadas esas señales?

Entre la ciencia y el misterio, Vinchina sigue ofreciendo un enigma abierto. Un lugar donde el suelo parece dialogar con el cielo y donde, siglos después, las estrellas trazadas en la tierra continúan despertando más preguntas que respuestas.

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