El referí quedó bajo la mira por no haber llamado a Darío Herrera sobre el final del partido para revisar una jugada polémica en la que todo River exigió penal.

El principal apuntado en el superclásico de ayer fue Héctor Paletta. Desde la cabina del VAR, quedó en el centro de la polémica por no convocar al árbitro principal del partido, Darío Herrera, para revisar una de las últimas jugadas del partido: un empujón de Lautaro Blanco sobre Lucas Martínez Quarta dentro del área que para expertos como Javier Castrilli fue penal.

La decisión generó mucho enojo en el mundo River. El propio DT millonario, Eduardo Coudet, recordó en conferencia de prensa que minutos antes de la jugada de la polémica Herrera había cobrado una falta similar a favor de Boca Juniors, tras un empujón de Maximiliano Salas.

Anoche, los pasillos del Monumental destilaban bronca. “Paletta es de los que están en la joda”, repetían quienes conocen bien los secretos de la AFA. En ese mismo ámbito lo señalan como alguien que respondería en tiempo real a Claudio Tapia y a Pablo Toviggino.

Las sospechas no son nuevas: antes del partido había sido el principal apuntado por los hinchas de River Plate cuando se confirmó que estaría a cargo del VAR.

A ese contexto se suma un antecedente que en Núñez no pasa desapercibido: Paletta tiene un vínculo directo con el mundo Boca. Su hermano, Gabriel Paletta, jugó en el club entre 2007 y 2010 y supo declarar: “Toda mi familia es hincha de Boca, y yo a veces lo iba a ver”.

Un año antes, en el superclásico de 2024 en la Bombonera, tampoco intervino en tres jugadas que podían haber terminado en expulsiones para Boca: un escupitajo de Marcos Rojo a Colidio, una agresión del propio Rojo y un pisotón de Miguel Merentiel a Bareiro.

Hace menos de tres meses, en la primera fecha del Apertura, volvió a quedar bajo la lupa en Barracas Central–River, disputado en el estadio Claudio Tapia. En esa ocasión no llamó a revisar una clara mano del defensor Gastón Campi tras un remate de Fausto Vera que iba al arco: era penal para River, pero no fue sancionado.

En este contexto, Paletta aparece como una de las figuras más representativas de un sistema que, según distintas voces del ambiente, expone la lógica con la que se mueve la AFA: decisiones que muchas veces parecen alinearse con afinidades y tensiones, donde el trato hacia los clubes no siempre resulta uniforme, sino condicionado por su cercanía o distancia con la conducción.

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