Desde hace muchos años, los policías que trabajan casos de narcocriminalidad en Mendoza tienen la mira fijada en dos manzanas del popular barrio La Gloria de Godoy Cruz por comercio de drogas y otros actos delictivos con armas de fuego.

Las K están “dominadas” –así lo describen– por la familia Miraval y otros parientes que “no paran de vender cocaína y marihuana en pequeñas cantidades” en sus viviendas, describen fuentes policiales que hablaron con El Sol. Y esto ha motivado en los últimos años, allanamientos en busca de las personas encargadas del narcomenudeo y el secuestro de la mercadería y el dinero que generaban.

En el 2020 y el 2021, la Policía contra el Narcotráfico (PCN) desarrolló una seri de procedimientos con detenciones y los resultados permitieron incautaciones de drogas.

Las causas denominadas por los policías como “las de los Miraval” llegaron a debate en la Justicia federal. Una mujer de 56 años y sus tres hijos –dos mujeres y un varón de 34 y 25 y 27 años, respectivamente– reconocieron las acusaciones en un juicio abreviado y el juez federal Alberto Daniel Carelli homologó el acuerdo.

Fuentes judiciales detallaron que la mujer mayor, Juana Silvia Reyes, recibió 4 años de cárcel y multa de 315.000 pesos como coautora de tenencia de drogas con fines de comercialización. Por esa misma calificación, su hijo Pedro Martín Franco Miraval fue condenado a 4 años de encierro más una multa de 245.000 pesos. La hija más chica, Mariana Priscila Miraval, fue sentenciada 4 años de cárcel con una multa de 315.000 pesos por comercio de estupefacientes.

La que recibió la pena más elevada fue Flavia Belén Miraval, quien deberá cumplir 6 años de encierro y pagar una multa de 420.000 pesos por dos hechos de tenencia de drogas con fines de comercialización.

A la última etapa del proceso llegaron otros dos hombres. A uno le suspendieron el trámite de la causa por problemas mentales y el restante, de 48 años, pactó una pena de dos años y medio de prisión en suspenso por tenencia simple de drogas.

Sorprendidos

Las investigaciones por drogas contra los Miraval se desarrollaron en agosto del 2020 y junio del 2021. La última se inició luego de una denuncia anónima que recibió la PCN a través del Fonodrogas, que sostenía que en la casa identificada como 111 de la manzana K del barrio La Gloria, “funciona un quiosco de venta de estupefacientes”.

Ese lugar ya había sido allanado el año anterior pero “igualmente continúan con la actividad”, detallaron. De esa llamada y trabajos de calle, los detectives policiales supieron que la sustancias que vendían en pequeñas cantidades eran guardadas en otra casa de la manzana K, “que sería de una persona que trabaja para ellos”.

Una vez recepcionada la denuncia, la PCN informó que existían antecedentes de allanamientos en el complejo. Explicaron que el 5 de agosto del 2020 se allanó y secuestraron cocaína, marihuana y dinero en efectivo y que habían sido detenidos Franco Miraval Reyes y otro joven identificado como Fernando Concha, a quien le terminaron suspendiendo el proceso por incapacidad sobreviniente.

El último día de ese mes, en la etapa final de esa investigación, se allanaron nuevamente los domicilios y volvieron a incautar droga fraccionada lista para su venta. Producto de ese procedimiento fueron imputados Flavia Miraval y Sergio Molina, quien terminó recibiendo una pena de dos años y medio de cárcel.

El tiempo pasó y los policías volvieron a instalar vigilancias en la casa 111 de la manzana K el 7 de junio del 2021. Allí fue detectada Juana Reyes mientras realizaba movimientos de venta de drogas al menudeo, los típicos pases de manos, con los clientes retirándose “presurosos y nerviosos, observando hacia todos lados para corroborar si alguien los espiaba”, tal como surge de la instrucción.

En los días posteriores volvieron a desplegarse trabajos de calle en los lugares de acopio y “quiosquito” y detectaron otra vez que la venta de drogas era prácticamente a toda hora. En ese momento fue identificada Mariana Priscila Miraval atendiendo a un hombre que se acercó al portón con su pareja. Los policías observaron y registraron un doble pase de manos.

Los efectivos siguieron a los compradores y les frenaron el paso. El hombre arrojó un porro al piso al notar la presencia policial y luego revisaron una mochila que contenía cogollos de marihuana y un envoltorio con esa misma droga en picadura.
Luego de las confirmaciones, se desarrolló un allanamiento en la ya conocida casa 111: allí se encontraban Mariana Flavia Miraval y su madre, Juana Reyes.

Esta última, voluntariamente, entregó dinero que sería producto de la comercialización. A las otras dos mujeres también les incautaron billetes de distinta denominación. La vivienda consistía de dos construcciones (una delantera y otra trasera) y dieron con semillas de cannabis, marihuana en picadura, 16 microdosis de LSD y elementos para el fraccionamiento.

En la otra propiedad, la de acopio, también hallaron bolsas con marihuana, cigarrillos, plantines y semillas.

Un año antes, en dos medidas realizadas el 5 y el 31 de agosto, la PCN había encontrado drogas en el casa 111 que le atribuían a Pedro Miraval y a su hermana Flavia Belén Miraval.

A esta última, en el espacio que utilizaba como dormitorio, le hallaron cocaína en pequeñas cantidades y en el guardabarros delantero derecho de un Peugeot 307, estacionado en el patio del inmueble, encontraron una bolsa con la inscripción My Bag que contenía 400 gramos de marihuana.

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *