A pesar del típico hermetismo de su núcleo duro, Alfredo Cornejo apostó por lo seguro, lo probado y tuvo pocas pero significativas sorpresas para enfrentar el primer año de gestión que tendrá por delante con más de un desafío, la profundización de la crisis económica y el principio de la relación con el presidente Javier Milei.
Hay una característica que los ubica a todos en un mismo paraguas no ideológico: tienen solvencia técnica, definió el propio Cornejo, más allá de la lealtad a un político que tiene entre sus obsesiones la necesidad de controlarlo todo.
Prácticamente, la mayoría de los elegidos para ocupar la primera plana del Gobierno tiene experiencia en la gestión pública, muchos de ellos, iniciados en el Ejecutivo que comenzó en 2015 y luego continuaron con Rodolfo Suarez, como Natalio Mema, Víctor Fayad, Jimena Latorre y Rodolfo Montero. Fueron tomando cada vez más responsabilidad y, por ende, proyección política.
Otros, se prohijaron a su sombra, como Tadeo García Zalazar. El hijo natural que se quedó corto en la maratón por la gobernación y optó por no volver a la Legislatura por la promesa de una cartera: será uno de los dos superministros en uno de los cambios de esquema más importantes respecto a las dos anteriores gestiones radicales.
El otro funcionario que aglutinará poder es Mema, quien estuvo al frente de la más importante modernización del sistema de transporte, con más de un problema. Tendrá que responder con muñeca política en las pulseadas con la oposición y manejará la caja de la obra pública, otro cambio sustancial en el esquema del Ejecutivo
Evidentemente, Cornejo no quiso experimentos en turismo, como el que tomó Suarez con Nora Vicario, y le renovó el crédito a Gabriela Testa para una industria que tiene en el valor del dólar para el turismo internacional a su mejor política, para una provincia que reforzó sus vuelos directos a otros países.
Las dos sorpresas de este gabinete son Mercedes Rus y Rodolfo Vargas Arizu, por distintas razones.
La senadora provincial, de fuerte carácter, ha sido una de las espadas del cornejismo en la Legislatura y ya tiene experiencia en decisiones ejecutivas, porque fue directora en el Instituto de Juegos y Casinos. Será la primera mujer en hacerse cargo de esa silla caliente que es Seguridad -en un cartera definida por su verticalidad y machismo- y, a la par, la relación institucional con el Poder Judicial -situación que se simplifica porque el cornejismo ya nada a sus anchas en ese ámbito-. Es la gran apuesta de Cornejo, pero precisamente por esto no implica que el mandatario deje a Rus sin ese seguimiento personal y riguroso que lo define, porque es un área que siempre le exigió y receló.
Cornejo ensaya con Vargas Arizu en Producción, donde el radicalismo controló con nombres propios. De apellido ilustre para la vitivinicultura, el bodeguero implica a su vez el ingreso del mentado grupo de empresarios reconocidos con fuertes marcas locales -Badaloni, Barbera, entre otros- que busca probar suerte por primera vez en una gestión de gobierno. Habrá que ver qué margen les otorga Cornejo para explorar ese oscuro objeto del deseo que le fue esquivo a Suarez: ampliar la matriz productiva de Mendoza.
También el cobismo tuvo premio. Patricia Giménez es la cara con más experiencia de las que mostró Cornejo en el escenario de la Nave Cultural. Fue funcionaria de Julio Cobos cuando estuvo a cargo de las estadísticas provinciales y al kirchnerismo le ofuscaba mostrar las cifras de la inflación. Más allá de su pasaje en el Congreso, también fue embajadora en Costa Rica. Su ubicación, por fuera de su CV, puede considerarse un gesto para contener al radicalismo no cornejista.
En síntesis, Cornejo mostró sus cartas: respaldarse en la renovación consolidada que comenzó en el 2015, más la trayectoria de aquellos que ya están medidos en la gestión para un año que no será fácil de acuerdo a las medidas que tome Milei en términos macroeconómicos.
Todavía quedan más lugares por definir, sobre todo, las segundas y terceras líneas, que son las que dinamizan y ejecutan en un gobierno. Entre ellas, la diversidad de organismos y áreas, algunos de ellos en crisis, como la OSEP: otras, sensibles para los mendocinos como la conducción de la Policía, el funcionamiento del transporte público o la recaudación de impuestos.
Fuente: El Sol
