La confesión del financista Ernesto Clarens volvió a sacudir el juicio por la causa Cuadernos y dejó al descubierto, con una crudeza incómoda para el kirchnerismo, el mecanismo de recaudación ilegal que habría operado durante años desde las más altas esferas del poder. Clarens, histórico operador financiero de la obra pública y hombre de confianza de empresarios y funcionarios, contó con precisión cómo recibió, cambió y entregó montañas de dinero que —según afirmó— tenían como destino final a la familia Kirchner a través del fallecido secretario privado Daniel Muñoz.
El financista declaró que las entregas eran “frecuentes, semanales” y rondaban los 300 mil dólares por vez. Según su testimonio, las constructoras enviaban a sus “valijeros” con bolsos cargados de billetes, que él luego transformaba en dólares o euros para facilitar la operatoria. Las entregas —admitió— se realizaban en el Hotel Panamericano o directamente en el departamento de los Kirchner en Juncal y Uruguay. Incluso describió que parte de esos fondos terminaban guardados en una bóveda en El Calafate “con un fuerte olor a tinta”, producto del volumen de efectivo acumulado.
Clarens aportó planillas, registros internos y listados de los emisarios de las empresas que llevaban el dinero. En su acuerdo como arrepentido debió entregar propiedades de altísimo valor, entre ellas un departamento en Miami y un yate adquirido —según él mismo— con dinero proveniente de estas operaciones. Su testimonio es considerado clave para reconstruir el sistema de recaudación que articuló la presunta cartelización de la obra pública durante los gobiernos kirchneristas.
Pero su declaración no estuvo libre de polémica. Empresarios como Cristóbal López intentaron deslegitimarla denunciando contradicciones e incluso acusando que el financista brindó versiones distintas en su primera, segunda y tercera declaración. También hubo defensas que hablaron de presiones para que los imputados convalidaran su relato bajo amenaza de detención. Pese a todo, el tribunal rechazó cada intento de anular su confesión y la ratificó como válida y central para el juicio.
Ahora, Clarens deberá reafirmar punto por punto lo que ya dijo, bajo juramento, para evitar un eventual falso testimonio. Su relato, minucioso y devastador para los exfuncionarios involucrados, deja en evidencia el funcionamiento de una estructura paralela de recaudación que movía cifras multimillonarias en efectivo y que, de acuerdo con la acusación, operaba con una naturalidad asombrosa bajo la protección del poder político de entonces.
