{"id":24012,"date":"2023-06-13T05:15:00","date_gmt":"2023-06-13T08:15:00","guid":{"rendered":"https:\/\/elfederalmendoza.com\/?p=24012"},"modified":"2023-06-13T12:25:29","modified_gmt":"2023-06-13T15:25:29","slug":"aicuna-el-enigma-de-un-pueblo-casi-secreto-en-la-rioja-y-la-increible-leyenda-de-sus-habitantes-albinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elfederalmendoza.com.ar\/index.php\/2023\/06\/13\/aicuna-el-enigma-de-un-pueblo-casi-secreto-en-la-rioja-y-la-increible-leyenda-de-sus-habitantes-albinos\/","title":{"rendered":"Aicu\u00f1a: El enigma de un pueblo casi secreto en La Rioja y la incre\u00edble leyenda de sus habitantes albinos"},"content":{"rendered":"\n<p>En el d\u00eda Internacional de Sensibilizaci\u00f3n sobre el Albinismo, proclamado por las Naciones Unidas, vale recordar este incre\u00edble dossier sobre Aicu\u00f1a del escritor y periodista <strong>To\u00f1o Angulo Daneri y la fot\u00f3grafa Paola de Grenet.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/nuevarioja.com.ar\/galeria\/fotos\/2023\/06\/13\/e_1686660271.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Lucas Orme\u00f1o, albino y pobladores de la aldea riojana. En el mundo hay un albino por cada diecisiete mil personas. As\u00ed lo ha estimado un estudio de la Johns Hopkins University de Estados Unidos. <strong>En Aicu\u00f1a el \u00edndice es uno cada noventa personas<\/strong> (Paola de Grenet, Etiqueta Negra)<\/p>\n\n\n\n<p>Cada cierto tiempo cae alguien por Aicu\u00f1a preguntando por \u00abel misterioso pueblo de los albinos\u00bb, que es como la propaganda tur\u00edstica llama a este caser\u00edo casi secreto de la provincia de La Rioja a unas veinte horas por carretera desde Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, por ejemplo, acaba de llegar alguien. Es un lunes por la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>La fot\u00f3grafa Paola de Grenet y yo estamos desayunando en el hostal La Casa \u2014el \u00fanico negocio de hospedaje que ha existido en Aicu\u00f1a desde que se fund\u00f3 hace trescientos cincuenta a\u00f1os\u2014 cuando un auto se estaciona frente al jard\u00edn de la entrada. Es un taxi. De all\u00ed baja un muchacho de unos treinta y pocos a\u00f1os, cabello lacio y claro peinado con raya al costado, gafas que parecen de dise\u00f1o, bolsa deportiva de cuero, camisa blanca y pantalones oscuros.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta octubre del 2005, La Casa era s\u00f3lo un rancho familiar, el rancho de los Orme\u00f1o, de modo que la entrada no conduce a un mostrador ni a una sala de espera, sino directamente al sal\u00f3n comedor. All\u00ed nos acompa\u00f1a do\u00f1a Josefa viuda de Orme\u00f1o, una de las due\u00f1as del hostal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Buenos d\u00edas \u2014saluda el muchacho al cruzar la puerta, con evidente acento de forastero\u2014. \u00bfAqu\u00ed podr\u00eda tomar desayuno?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed \u2014le responde do\u00f1a Josefa\u2014. Pase, si\u00e9ntese.<\/p>\n\n\n\n<p>La invitaci\u00f3n de do\u00f1a Josefa ha sonado lac\u00f3nica. Si no la conoci\u00e9ramos un poco, dir\u00edamos que esta mujer, abuela de tres nietos, desconf\u00eda de los extra\u00f1os. La primera impresi\u00f3n que uno se lleva al conocerla es que hay algo, un recuerdo, una p\u00e9rdida, una tristeza, que le endurece el semblante. O que est\u00e1 de mal humor. O las dos cosas al mismo tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 hay para desayunar? \u2014pregunta el forastero, sonriente, tratando de caer bien.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo normal \u2014dice la se\u00f1ora\u2014: caf\u00e9, leche, pan, mantequilla, queso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfAlgo m\u00e1s?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mejor d\u00edgame qu\u00e9 desea y yo le dir\u00e9 si puedo ofrec\u00e9rselo.<\/p>\n\n\n\n<p>La fot\u00f3grafa y yo permanecemos callados. Ella hace como que ojea un libro que tiene sobre la mesa. Yo hago como que la ojeo a ella. El joven baja la voz:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfHuevos con tocino, tal vez?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bien: huevos con tocino \u2014repite do\u00f1a Josefa, y desaparece rumbo a la cocina.<\/p>\n\n\n\n<p>El muchacho se sienta con nosotros. Se llama Benedict Mander, es brit\u00e1nico, periodista, corresponsal del Financial Times de Londres. Le preguntamos qu\u00e9 lo trae por Aicu\u00f1a. \u00c9ste es un lugar, le recordamos, donde es imposible que alguien est\u00e9 de paso ni al que se pueda llegar por casualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El periodista del Financial Times sonr\u00ede ante nuestra pregunta.<\/p>\n\n\n\n<p>A decir verdad, para venir hasta Aicu\u00f1a hay que querer hacerlo, fervorosa y esforzadamente. Es un pueblo que no aparece en la mayor\u00eda de los mapas y que no s\u00f3lo est\u00e1 a tres horas de La Rioja, sino a otros diez largu\u00edsimos kil\u00f3metros de la carretera m\u00e1s cercana: una ondeante trocha de tierra y guijarros, m\u00e1s parecida a un circuito de motocross que a un camino para coches. Como dicen algunos de sus habitantes, Aicu\u00f1a es un pueblo casi olvidado en el trasero del mundo, m\u00e1s alejado de Buenos Aires, geogr\u00e1fica y culturalmente, que de los caser\u00edos andinos de Bolivia y Chile.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Supongo que estoy aqu\u00ed por lo mismo que ustedes \u2014dice al fin Mander en ingl\u00e9s, y formando una trompa con la nariz y la boca se\u00f1ala el libro que ojea la fot\u00f3grafa: Anthropologies of Art.<\/p>\n\n\n\n<p>Benedict Mander se prepara para re\u00edr. Es evidente que los tres hemos venido atra\u00eddos por la historia de \u00abAicu\u00f1a, el misterioso pueblo de los albinos\u00bb, un art\u00edculo de curiosidades tur\u00edsticas que se suele entregar a los visitantes junto con un bolet\u00edn de datos pr\u00e1cticos tomados de la web larioja.gov.ar\/turismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Paola de Grenet da un respingo: la cara seria, las cejas juntas, la actitud grave.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfHasta cu\u00e1ndo piensas quedarte? \u2014le pregunta, tambi\u00e9n en ingl\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00f3lo hoy \u2014dice \u00e9l. Y mirando hacia la ventana, a\u00f1ade\u2014: Le he pedido al taxista que venga a recogerme esta tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora s\u00ed, Paola de Grenet se ha puesto roja:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Entonces no podr\u00e1s hacer nada \u2014le suelta\u2014. Mejor dicho, ser\u00e1 mejor, por el bien de todos, que no intentes hacer nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Mander se queda at\u00f3nito, aunque todav\u00eda tiene la boca abierta, como si le hubiesen dado una noticia f\u00fanebre en mitad de una carcajada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A la gente del pueblo no le gusta hablar del tema. Llevamos un par de d\u00edas aqu\u00ed y a\u00fan no sabemos si podremos hablar abiertamente con alguien -le explica la fot\u00f3grafa<\/p>\n\n\n\n<p>Al poco rato, do\u00f1a Josefa regresa trayendo una bandeja con leche, caf\u00e9, pan, mantequilla y dos huevos fritos con tocino.<\/p>\n\n\n\n<p>Mander le agradece, moja un trozo de pan en las yemas de los huevos y da un primer bocado.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante unos instantes, seguimos conversando en ingl\u00e9s, de cualquier cosa: de d\u00f3nde somos Paola de Grenet y yo, a qu\u00e9 nos dedicamos, si tenemos hijos. Luego hablamos en castellano para que pueda participar do\u00f1a Josefa, que otra vez se ha sentado a acompa\u00f1arnos desde una mesa contigua.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces es do\u00f1a Josefa la que le pregunta a Benedict Mander:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y d\u00edgame, \u00bfqu\u00e9 lo trae por aqu\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/nuevarioja.com.ar\/galeria\/fotos\/2023\/06\/13\/e_1686660307.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Tamara, descendiente de la familia Orme\u00f1o. En Aicu\u00f1a la mayor\u00eda de sus casi 300 pobladores se apellidan Orme\u00f1o (Paola de Grenet, Etiqueta Negra)<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un albino por cada diecisiete mil personas en el mundo. As\u00ed lo ha estimado un estudio de la Johns Hopkins University de Estados Unidos. En Aicu\u00f1a, seg\u00fan Julio<\/p>\n\n\n\n<p>C\u00e9sar Orme\u00f1o, jefe de la oficina de Registro Civil, viven unas trescientas personas. A lo mucho, dice, en ciertas \u00e9pocas han llegado a la excepcional cifra de trescientos cincuenta. Es un pueblo tan peque\u00f1o que todos juntos cabr\u00edan en una sala de cine, incluyendo a los reci\u00e9n nacidos, los ancianos y el ministro pastoral de la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>De ese total, el jefe de Registro Civil tiene censados a cuatro personas albinas, todos hombres: tres que ahora mismo viven en Aicu\u00f1a y uno que ya de adulto se mud\u00f3 a otro pueblo a dos horas de distancia. Pero sus archivos dicen algo m\u00e1s: desde finales del siglo XIX se han registrado los nacimientos de cuarenta y seis albinos, s\u00f3lo en Aicu\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Las matem\u00e1ticas nunca han servido para las conclusiones f\u00e1ciles, pero si alguna utilidad tiene en este caso la regla de tres es que el \u00edndice de albinismo en Aicu\u00f1a no es uno por cada diecisiete mil, sino uno por cada noventa personas. O como escribe el m\u00e9dico Eduardo Castilla en su libro Aicu\u00f1a. Estudio de la estructura gen\u00e9tica de la poblaci\u00f3n, el coeficiente de albinismo en este pueblo es casi doscientas veces mayor que en el resto del planeta.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, hay una especie de un\u00e1nime censura sobre la palabra albinos o albinismo que impide mencionarla en voz alta. Es como si fuese un tab\u00fa o uno de esos secret\u00edsimos entuertos familiares cuyo problema no parece estar en que existan, sino en hablar de ellos. Ocultar, en el fondo, es una forma de querer que algo desaparezca.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Benedict Mander no comparte ese c\u00f3digo de silencio, as\u00ed que termina por confesarle a do\u00f1a Josefa, no sin cierta cautela, aquello que lo trae por aqu\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014He venido \u2014le dice en voz baja\u2014 a conocer a los albinos de Aicu\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Como si hubiese estado esperando este momento, do\u00f1a Josefa se levanta de su silla y va a buscar el cuaderno de visitas del hostal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lea \u2014le dice entreg\u00e1ndole el cuaderno abierto por la mitad.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el mismo mensaje que ya nos hab\u00eda hecho leer a la fot\u00f3grafa y a m\u00ed el segundo d\u00eda que amanecimos en Aicu\u00f1a: las palabras de despedida de Carlo Brero, un italiano de ochenta a\u00f1os que el 28 de septiembre del 2006 cogi\u00f3 el cuaderno de visitas de La Casa y anot\u00f3: \u00abVine a este pueblo a buscar genes de albinos y me encontr\u00e9 con la alegr\u00eda de quando era joven\u00bb (sic).<\/p>\n\n\n\n<p>La carta de despedida del se\u00f1or Brero, escrita con una caligraf\u00eda temblorosa y casi sin faltas de ortograf\u00eda en castellano, ocupa una p\u00e1gina completa. Antes de su firma, se lee: \u00abMe siento contento \u00edntimamente y se me ocurre que es por lo que aqu\u00ed se vive: ni\u00f1os contentos, personas simples, serenas y afables. Se ve amor en el marco de una naturaleza sin estridencias\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/nuevarioja.com.ar\/galeria\/fotos\/2023\/06\/13\/e_1686660345.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>La localidad de Aicu\u00f1a se encuentra a 8 km de la m\u00edtica Ruta Nacional 40, en el tramo de la Cuesta de Miranda, a la altura del Paraje las Higueritas (Chilecito24)<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el corresponsal del Financial Times levanta los ojos del cuaderno, do\u00f1a Josefa se lo queda mirando fijamente. Es una interpelaci\u00f3n, como si quisiera verificar ah\u00ed mismo que Mander ha entendido bien la moraleja de Brero. Como si esperara o\u00edrlo decir en voz alta: \u00abLo comprendo, aqu\u00ed no hay ning\u00fan misterio. Aicu\u00f1a es mucho m\u00e1s que simplemente un pueblo de albinos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Paola de Grenet y yo aprovechamos el momento para repetirle a Mander la explicaci\u00f3n que antes nos qued\u00f3 inconclusa: que en el tiempo que llevamos en Aicu\u00f1a no hemos visto a ning\u00fan albino ni siquiera de lejos. Es m\u00e1s, que no hay ninguna garant\u00eda de que los veamos en los pr\u00f3ximos d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya nos lo hab\u00edan advertido en el camino que iniciamos en la capital de La Rioja: la gente de Aicu\u00f1a tiende a ser hura\u00f1a y t\u00edmida en extremo, en las ant\u00edpodas del estereotipo del argentino canchero y parlanch\u00edn, casi sociablemente patol\u00f3gico, que se tiene en la cabeza. Pero si el visitante se gana su confianza, tambi\u00e9n puede ser la gente m\u00e1s amable, acogedora y dadivosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que les incomoda es que se llegue al pueblo a ver albinos como si se asistiera a un espect\u00e1culo de circo freak. En un pelda\u00f1o m\u00e1s alto, lo que a algunos directamente les fastidia es que vengan periodistas, esos fisgones profesionales de la superficialidad. Como Benedict Mander, como la fot\u00f3grafa Paola de Grenet, como yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que en los ochenta una revista de Buenos Aires llamada 7 D\u00edas public\u00f3 un reportaje en el que se trataba despectivamente a los albinos de Aicu\u00f1a, muchos de los habitantes del pueblo, que son vecinos y parientes a la vez, se volvieron ya no hura\u00f1os, sino ariscos y huidizos con los de fuera. Sucedi\u00f3 que el efecto del reportaje fue inmediato y lamentable: de pronto empez\u00f3 a llegar gente de otras ciudades de Argentina con la sola intenci\u00f3n de ver a los albinos. Peor: los quer\u00edan fotografiar, escudri\u00f1ar de cerca qu\u00e9 apariencia ten\u00edan, entrometerse en la rutina de un pueblo supuestamente habitado por personas de piel transl\u00facida y pelo blanco.<\/p>\n\n\n\n<p>Como en una versi\u00f3n colectiva de la historia de Frankenstein, Aicu\u00f1a era como cualquier otro pueblo rec\u00f3ndito en el mundo, ajeno a su peculiaridad, hasta que una mirada ajena la puso en evidencia. Al igual que con el personaje de Shelley, fueron los otros los que los se\u00f1alaron con el dedo y los trataron como gente rara, diferente, poseedora de una ins\u00f3lita cualidad que los volv\u00eda grotescos y atrayentes a la vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces recuerdan que si descubr\u00edan a un curioso merodeando por ah\u00ed, cerraban las puertas de sus casas y no sal\u00edan hasta que el intruso se hubiese marchado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un d\u00eda vino un fot\u00f3grafo a querer tomarnos fotos \u2014me contar\u00e1 d\u00edas despu\u00e9s Lucio Orme\u00f1o, uno de los tres albinos que siguen viviendo en Aicu\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando habla, Lucio Orme\u00f1o no lo hace en primera persona del singular, aunque se refiera s\u00f3lo a s\u00ed mismo. En vez del yo \u2014tan argentino, por lo dem\u00e1s\u2014, \u00e9l usa el plural nosotros incluso en oraciones tan espec\u00edficas como \u00abel a\u00f1o pasado nos compramos una motocicleta\u00bb, \u00abesta ma\u00f1ana todav\u00eda no hemos desayunado\u00bb o \u00abma\u00f1ana iremos a ver a un t\u00edo que tenemos\u00bb. Su nosotros es \u00e9l, \u00fanica y exclusivamente \u00e9l. Como si un exceso de modestia, o de algo, le impidiera expresar abiertamente su individualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No le hicimos caso \u2014me seguir\u00e1 contando Lucio Orme\u00f1o\u2014. Nos hac\u00eda preguntas, nos ped\u00eda, nos rogaba. Estaba desesperado, pero se fue por donde vino, sin foto ninguna. Ni ofreci\u00e9ndonos dinero \u00edbamos a posar para su c\u00e1mara.<\/p>\n\n\n\n<p>Lucio Orme\u00f1o ser\u00e1 la primera persona con esa infrecuente condici\u00f3n gen\u00e9tica llamada hypomelanism con la que hablar\u00e9 en Aicu\u00f1a. Pero eso suceder\u00e1 m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/nuevarioja.com.ar\/galeria\/fotos\/2023\/06\/13\/e_1686660383.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Elio Orme\u00f1o naci\u00f3 en el peque\u00f1o pueblo riojano. El m\u00e9dico Eduardo Castilla revel\u00f3 en su libro \u00abAicu\u00f1a. Estudio de la estructura gen\u00e9tica de la poblaci\u00f3n\u00bb que el coeficiente de albinismo en este pueblo es casi doscientas veces mayor que en el resto del planeta (Paola de Grenet, Etiqueta Negra)<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, junto a Benedict Mander y a Paola de Grenet, nuestro nosotros es otro: el que nos empuja a preguntarnos si habremos hecho bien en venir aqu\u00ed. Y qu\u00e9 le diremos a nuestros editores si, desesperados, tenemos que irnos por donde vinimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de su primer encuentro con el periodista del Financial Times, do\u00f1a Josefa ha vuelto a ser la dulce y encantadora anfitriona que hemos venido disfrutando y disfrutaremos en Aicu\u00f1a. Nos ofrece m\u00e1s caf\u00e9, pregunta si necesitamos algo y anuncia lo que preparar\u00e1 de almuerzo esta tarde: bifes a la milanesa. Tambi\u00e9n nos tranquiliza diciendo que cuando regrese su hijo Dante, con el que comparte la administraci\u00f3n de La Casa, de seguro \u00e9l hallar\u00e1 una manera de ayudarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya debe de estar por volver \u2014a\u00f1ade dirigi\u00e9ndose a Mander\u2014. S\u00f3lo ha ido a mirar el riego de los nogales.<\/p>\n\n\n\n<p>Dante Orme\u00f1o es un hombre en sus cuarenta, muy robusto, de no m\u00e1s de un metro setenta de estatura, pero con una espalda y unos brazos de le\u00f1ador que hacen que parezca m\u00e1s grande. En los meses de calor, como ahora, tiene la cara enrojecida por el sol, que \u00e9l cubre con una barba fecunda y un cerquillo rebelde que por m\u00e1s que se empe\u00f1a en mantener en un costado, siempre le est\u00e1 cayendo sobre la frente. Uno de sus gestos t\u00edpicos tiene que ver con mantener la frente despejada, libre de cabellos. Lo hace a menudo, usando los dedos como peine, pero es in\u00fatil.<\/p>\n\n\n\n<p>Es tambi\u00e9n un hombre callado. Es muy dif\u00edcil, a menos que seas su amigo o te hayas ganado su estima, que Dante Orme\u00f1o inicie una conversaci\u00f3n. Con \u00e9l tienes que tomar la iniciativa y, si te atreves, pedirle las cosas abiertamente y sin rodeos. Aunque a primera impresi\u00f3n parezca que no, \u00e9l siempre dir\u00e1 que s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Benedict Mander le resume su historia, le dice que esta misma tarde un taxi vendr\u00e1 a recogerlo y le pide que lo acompa\u00f1e a recorrer el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dante Orme\u00f1o acepta.<\/p>\n\n\n\n<p>El acuerdo tomado en esta sobremesa de desayuno en La Casa es que el corresponsal del Financial Times conocer\u00e1 Aicu\u00f1a dando un paseo con Dante Orme\u00f1o. Pasado el mediod\u00eda, nos volveremos a reunir aqu\u00ed para almorzar. Haya visto lo que haya visto, Mander se marchar\u00e1 de Aicu\u00f1a como habr\u00e1 de decir Lucio Orme\u00f1o: \u00abpor donde vino\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En Aicu\u00f1a es como si todos se apellidaran Orme\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>El jefe de la oficina de Registro Civil, encargado de llevar la cuenta de los nacimientos, matrimonios, divorcios, mudanzas y defunciones, y que nos dio las primeras cifras sobre la poblaci\u00f3n de Aicu\u00f1a, se llama Julio C\u00e9sar Orme\u00f1o. El presidente del Centro Vecinal, a cargo entre otras tareas de repartir la escasa agua que hay para los cultivos, se llama Marino Orme\u00f1o. El ministro pastoral laico que cumple la funci\u00f3n de sacerdote y celebra las misas los domingos, da la comuni\u00f3n y bautiza y confiesa a los devotos en casos de peligro de muerte, es don Alberto Orme\u00f1o. La enfermera que dirige y a veces hace las veces de doctora en el Centro Primario de Salud \u2014una impecable posta de primeros auxilios que se transforma en hospital cuando hace falta\u2014 es la se\u00f1ora Irma Oliva de Orme\u00f1o. Los due\u00f1os del hostal La Casa son do\u00f1a Josefa viuda de Orme\u00f1o y sus cuatro hijos, entre ellos el administrador Dante Orme\u00f1o. El mejor alumno de la \u00fanica escuela del pueblo es Juli\u00e1n Orme\u00f1o. El \u00fanico taxista, Juan Edgar Orme\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Y los cuatro albinos nacidos en Aicu\u00f1a que viven hasta hoy son, c\u00f3mo no, Orme\u00f1o todos: los hermanos Lucio y Elio Orme\u00f1o, y los tambi\u00e9n hermanos \u2014pero no parientes directos entre s\u00ed\u2014 Toto y Lucas Emilio Orme\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/nuevarioja.com.ar\/galeria\/fotos\/2023\/06\/13\/e_1686660082.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Toto Orme\u00f1o en Aicu\u00f1a. \u00ab\u00c9l es el m\u00e1s introvertido, aunque quiz\u00e1 tambi\u00e9n el m\u00e1s orgulloso -revela su madre-. \u00c9l me dice: d\u00e9jeme as\u00ed, mam\u00e1. As\u00ed nac\u00ed, as\u00ed soy. De lo que se hereda hay que agradecer a Dios\u00bb (Paola de Grenet, Etiqueta Negra)<\/p>\n\n\n\n<p>Lucio Orme\u00f1o, el hombre del nosotros como yo, ese plural tan singular, es el encargado de la \u00fanica cabina telef\u00f3nica que hay en Aicu\u00f1a. Tiene una voz privilegiada para eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada vez que timbra el telefax que tiene en el escritorio de su peque\u00f1a oficina, \u00e9l levanta el auricular, espera unos segundos hasta que la llamada se haya hecho efectiva y, sent\u00e1ndose con la espalda muy recta, los ojos clavados en un punto impreciso a trav\u00e9s de sus gafas oscuras y modulando su melodioso vozarr\u00f3n de locutor de radio, dice:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Cabinaaa!<\/p>\n\n\n\n<p>Casi siempre es alguien conocido. Un pueblo de trescientos habitantes no es que tenga demasiados misterios, as\u00ed que Lucio Orme\u00f1o tambi\u00e9n puede ufanarse de haber memorizado unas cuantas decenas de n\u00fameros telef\u00f3nicos. Incluso a veces, como su telefax tiene una pantallita en la que aparecen los n\u00fameros, se da el gusto de sorprender a sus interlocutores pasando por alto el saludo y llam\u00e1ndolos directamente por sus apellidos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Diga, Carrizo \u2014saluda ahora, por ejemplo, al se\u00f1or Carrizo que telefonea desde un pueblo cercano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora van a ser las siete de la tarde, pero en la calle hay un sol de mediod\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La cabina telef\u00f3nica de Lucio Orme\u00f1o, es decir su oficina completa, no sobrepasa los seis metros cuadrados. All\u00ed, aparte de un cub\u00edculo para que sus vecinos puedan conversar en privado, tiene un escritorio de madera y una estanter\u00eda en la que s\u00f3lo hay gu\u00edas telef\u00f3nicas y cuadernos en los que ha anotado unos pocos tel\u00e9fonos y direcciones de emergencia. Sus dos \u00fanicos adornos de pared son un reloj dorado y unas lucecitas de colores a las que \u00e9l ha dado forma de \u00e1rbol de navidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Lucio Orme\u00f1o trabaja de ocho y media a doce del d\u00eda, y de seis y media de la tarde a nueve de la noche. Siempre y cuando no haya alguna interferencia en la l\u00ednea, dice, pues en ese caso su oficina permanecer\u00e1 cerrada hasta que el problema se haya solucionado. \u00c9l s\u00f3lo se encarga de resolver las aver\u00edas m\u00e1s sencillas, como reponer los cables y las conexiones desgastadas por el uso. Por ese trabajo a tiempo completo no recibe un sueldo, sino un veinte por ciento del precio de cada llamada que se hace desde Aicu\u00f1a. Las llamadas que responde para sus vecinos son gratis.<\/p>\n\n\n\n<p>Al igual que su hermano Elio, Lucio Orme\u00f1o es albino, pero evita a toda costa hablar de ello. Cuenta que estudi\u00f3 hasta s\u00e9ptimo grado, cuando la escuela del pueblo no ten\u00eda secundaria. Ahora tiene treinta y nueve a\u00f1os y se siente mayor para volver a sentarse en una carpeta al lado de chicos m\u00e1s j\u00f3venes.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de su edad, Lucio Orme\u00f1o tiene la apariencia y la sonrisa de un ni\u00f1o. Tiene la cara muy redonda y roja, con min\u00fasculas erupciones causadas por el sol, que en esta parte de la sierra des\u00e9rtica de Argentina suele quemar como si uno estuviera permanentemente cerca de un horno de carb\u00f3n. Eso en verano, porque tambi\u00e9n, como en cualquier desierto, la piel se quema en invierno por esa mezcla feroz de aire reseco, vientos implacables y temperaturas bajo cero.<\/p>\n\n\n\n<p>Para protegerse de este clima violento, Lucio Orme\u00f1o siempre viste una camisa de manga larga, de preferencia a cuadros, y, debajo, una camiseta de algod\u00f3n de un color que le haga juego al sobresalir a trav\u00e9s de sus botones abiertos hasta el pecho. Es imposible que uno lo vea sin sus gafas de sol. Tambi\u00e9n es raro verlo sin una gorra de b\u00e9isbol que usa sobre sus cabellos blancos te\u00f1idos de rubio.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando termina de hablar con Carrizo, coge un trozo de papel y anota el mensaje que \u00e9ste ha dejado para alguno de sus vecinos. As\u00ed lo hace con todas las llamadas que recibe. Si el mensaje es urgente, Lucio Orme\u00f1o saldr\u00e1 a la calle a llamar a cualquier ni\u00f1o que vea jugando por ah\u00ed para pedirle que haga de correo expr\u00e9s. Si no, guardar\u00e1 el papelito hasta la hora en que cierra la cabina y, ya de camino a casa, ir\u00e1 entregando a sus destinatarios todos los mensajes acumulados durante el d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ni\u00f1os lo adoran. Es raro que alguno pase cerca de su cabina y no entre a saludarlo o a decirle cualquier cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l explica el por qu\u00e9:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Antes de la cabina ten\u00edamos otro negocio: una despensa de alimentos. All\u00ed iban los ni\u00f1os y les d\u00e1bamos caramelos, dulces, chocolates. Cositas, tonter\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al recordar esto, sonr\u00ede y se le forman hoyuelos en las mejillas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Despu\u00e9s, cuando abrimos la cabina, seguimos trayendo golosinas. Ahora menos. Tuvimos que cerrar la despensa porque nuestra mam\u00e1 se enferm\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Le pregunto si para trabajar en la cabina tuvo que estudiar algo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nos dieron una capacitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego se queda pensando, un poco m\u00e1s serio, como si hubiese recordado algo, y agrega:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Para quedarnos con la cabina organizaron un concurso en el pueblo. Nosotros lo ganamos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/nuevarioja.com.ar\/galeria\/fotos\/2023\/06\/13\/e_1686660132.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>A Lucio Orme\u00f1o tambi\u00e9n le gusta la fotograf\u00eda. Alguna vez fue su pasatiempo, tras llevar un curso por correspondencia que no pudo terminar porque por esa \u00e9poca, inicios de los ochenta, el servicio del correo postal en Aicu\u00f1a era \u2014vuelve a sonre\u00edr\u2014 peor que ahora. Todav\u00eda conserva su c\u00e1mara por si acaso, aunque le han dicho que el tipo de pel\u00edcula que necesita se ha dejado de fabricar.<\/p>\n\n\n\n<p>Para explicarse mejor, dibuja en el aire algo que parecen unos binoculares.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, eran los carretes de ciento diez mil\u00edmetros, con esas fotos que sal\u00edan muy peque\u00f1itas, \u00bfverdad? \u00a1Lindas!<\/p>\n\n\n\n<p>Otra de las palabras que m\u00e1s repite Lucio Orme\u00f1o es lindo, o linda, y todas sus variantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Al recordar sus tiempos de ni\u00f1o, cuando junto a su hermano Elio acompa\u00f1aba a su padre a los alt\u00edsimos cerros donde \u00e9ste deb\u00eda reparar la antena del \u00fanico canal de televisi\u00f3n que se ve\u00eda en Aicu\u00f1a, Lucio Orme\u00f1o dir\u00e1 \u00ablindas \u00e9pocas\u00bb. Al comentar la vegetaci\u00f3n de la zona, esencialmente des\u00e9rtica, llena de nogales, algarrobos, \u00e1lamos inmensos y cactus de centenares de tama\u00f1os y colores y formas caprichosas y flores diminutas dir\u00e1 \u00ablindo paisaje\u00bb. Y la madrugada en la que salimos de excursi\u00f3n con Paola de Grenet y Dante Orme\u00f1o para tomar fotos nocturnas por los alrededores del pueblo, tambi\u00e9n llamar\u00e1 \u00ablindos\u00bb a la noche, la luna, el camino y las monta\u00f1as. Y al final: \u00ablinda excursi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cabo de varios d\u00edas de conversar con \u00e9l, uno logra descubrir que aquello que no le merece ese adjetivo tan elogioso, \u00ablindo\u00bb, en realidad tampoco le merece nada. Lo que no puede ser lindo s\u00f3lo obtendr\u00e1 su silencio. Una evasiva. Una respuesta anodina que significa simplemente que ya no quiere hablar m\u00e1s de ello.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No tenemos por qu\u00e9 cuidarnos \u2014contest\u00f3 por ejemplo, muy secamente, un d\u00eda en que le pregunt\u00e9 si por ser albino no deb\u00eda recibir alg\u00fan tipo de tratamiento m\u00e9dico.<\/p>\n\n\n\n<p>De inmediato, como calibrando mejor el sentido de sus palabras, admiti\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Solamente vemos a un oculista de vez en cuando. Por los ojos, \u00bfve?<\/p>\n\n\n\n<p>Durante unos segundos inclin\u00f3 sus gafas oscuras. No se las quit\u00f3. S\u00f3lo las baj\u00f3 hasta la punta de su nariz. Ten\u00eda las pupilas de color rosado, como todos aquellos que tienen ese tipo de albinismo llamado oculocut\u00e1neo que afecta \u00edntegramente el cuerpo: los ojos, la piel, el cabello. Las pupilas, adem\u00e1s, le vibraban de un lado a otro, con ese movimiento involuntario conocido como nistagmus.<\/p>\n\n\n\n<p>En los muchos d\u00edas que siguieron fue imposible volver a tocar ese tema con Lucio Orme\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/nuevarioja.com.ar\/galeria\/fotos\/2023\/06\/13\/e_1686660485.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>La enfermera que dirige el Centro Primario de Salud, Irma Oliva de Orme\u00f1o, es tambi\u00e9n la madre de los otros dos hermanos albinos, Toto y Lucas Emilio Orme\u00f1o (Paola de Grenet\/Etiqueta Negra)<\/p>\n\n\n\n<p>El tab\u00fa que existe sobre el albinismo en Aicu\u00f1a no parece s\u00f3lo limitado a la falta de pigmentaci\u00f3n en la piel que vuelve a las personas simplemente m\u00e1s notorias.<\/p>\n\n\n\n<p>La enfermera que dirige el Centro Primario de Salud, Irma Oliva de Orme\u00f1o, es tambi\u00e9n la madre de los otros dos hermanos albinos, Toto y Lucas Emilio Orme\u00f1o. La primera vez que Paola de Grenet y yo la vimos, encabezaba una procesi\u00f3n en honor a la Virgen del Rosario, patrona del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel d\u00eda era domingo y las campanas sonaban llamando a los devotos a unirse a rezar el rosario y luego a la procesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>A las once de la ma\u00f1ana, la hora del rezo, hab\u00eda unas veinte personas en el interior de la capilla, la mayor\u00eda mujeres y ni\u00f1os. A las dos de la tarde, cuando la romer\u00eda hab\u00eda recorrido la \u00fanica calle de Aicu\u00f1a de un extremo a otro, ya sumaban unas cuarenta personas, incluidos algunos hombres que acompa\u00f1aban el rito desde las puertas de sus casas, ya que adentro, en las pantallas de sus televisores, estaba por comenzar un partido importante de la liga de f\u00fatbol argentino.<\/p>\n\n\n\n<p>Irma Oliva de Orme\u00f1o tambi\u00e9n guiaba las oraciones. Una de ellas dec\u00eda: \u00abYo pongo mi esperanza en ti, Se\u00f1or, \/ y conf\u00edo en tu palabra\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi todos se sab\u00edan las letan\u00edas de memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de enfermera, Irma Oliva de Orme\u00f1o es la mayordoma de la iglesia, lo cual quiere decir que es la encargada de que la capilla luzca siempre bonita y adornada con flores frescas, que los altares y santos est\u00e9n limpios, y que los habitantes de Aicu\u00f1a no pierdan el entusiasta fervor religioso que los ha identificado en sus trescientos cincuenta a\u00f1os de existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Para cumplir con su misi\u00f3n, a menudo se le ve organizando sesiones de oraci\u00f3n para ense\u00f1ar a los ni\u00f1os los misterios del rosario e intentando que el p\u00e1rroco asignado al pueblo, el padre Enrique Mart\u00ednez, venga a celebrar la eucarist\u00eda al menos dos veces al a\u00f1o y no s\u00f3lo para las ineludibles misas de los velorios, bautizos y bodas.<\/p>\n\n\n\n<p>La rutina diaria de Irma Oliva de Orme\u00f1o se reparte, as\u00ed, entre las diez horas que trabaja en el Centro Primario de Salud y el no poco tiempo que dedica a la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A veces tambi\u00e9n tengo que hacer de psic\u00f3loga y consejera espiritual \u2014nos dice una ma\u00f1ana en que Paola de Grenet y yo hemos venido a buscarla a lo que algunos vecinos a\u00fan llaman la posta o la enfermer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed trabaja desde hace dieciocho a\u00f1os y se nota que una parte de su personalidad la ha trasladado al Centro Primario de Salud: el local luce tan impecable, con un orden y una pulcritud y un olor de que todo est\u00e1 reci\u00e9n desinfectado, que s\u00f3lo pueden ser atribuibles a una persona como ella. El piso de cemento rojo se encera cada d\u00eda. Las paredes blancas no tienen una mancha ni rajadura. Las sillas de la sala de espera, tambi\u00e9n blancas, son todas id\u00e9nticas y ninguna tiene una pata m\u00e1s corta ni un qui\u00f1e ni nada que las ensombrezca. En cada ambiente hay carteles que recuerdan las metas que ha tenido que cumplir en todos estos a\u00f1os: difundir la lactancia materna, prevenir el c\u00e1ncer de \u00fatero, recalcar que la crianza de los hijos es tambi\u00e9n un deber de pap\u00e1. Al lado de estos carteles siempre hay una imagen religiosa: una cruz, un Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, la Virgen del Rosario.<\/p>\n\n\n\n<p>Delgada y de baja estatura, vestida siempre de traje, es evidente que Irma Oliva de Orme\u00f1o cuida cada detalle, sobre todo si le toca hablar de sus emociones.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, cuando le preguntamos por sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene siete hijos. Los casados se han mudado a ciudades y pueblos cercanos, sitios m\u00e1s grandes y modernos que Aicu\u00f1a. Con ella y su marido se han quedado una ni\u00f1a de ocho a\u00f1os; Toto, el mayor de los siete, y Lucas Emilio, quien despu\u00e9s de haber pasado por varios cambios curriculares en la escuela, al fin acaba de terminar la secundaria.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Toto \u2014dice\u2014 es el m\u00e1s introvertido, aunque quiz\u00e1 tambi\u00e9n el m\u00e1s orgulloso. Lucas Emilio se ha te\u00f1ido el pelo de rubio, se cuida un poco m\u00e1s: por \u00e9l, se ir\u00eda ahora mismo a recorrer el mundo. Toto no. \u00c9l me dice: d\u00e9jeme as\u00ed, mam\u00e1. As\u00ed nac\u00ed, as\u00ed soy. De lo que se hereda hay que agradecer a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Decir esto ha hecho que se le ensombrezca un poco la mirada. Sin perder la serenidad, Irma Oliva de Orme\u00f1o tambi\u00e9n recuerda el reportaje de la revista 7 d\u00edas que dibuj\u00f3 una l\u00ednea divisoria en la historia de Aicu\u00f1a. La mirada perpleja y fascinada de los otros que con cuotas equivalentes de ignorancia y torpeza s\u00f3lo supo poner el acento en su peculiaridad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nos causaron mucho dolor \u2014dice con el resentimiento vago, m\u00e1s bien lejano, cicatrizado, de los que han sido formados para perdonar las ofensas\u2014. Dijeron que los albinos no ve\u00edan bien y por eso no pod\u00edan trabajar. Que muchachos como mis hijos eran una carga para sus padres. Que Aicu\u00f1a era un pueblo raro donde todos \u00e9ramos albinos. La gente de aqu\u00ed empez\u00f3 a sentir verg\u00fcenza, \u00a1como si no hubiera m\u00e1s albinos en el mundo!<\/p>\n\n\n\n<p>Se interrumpe de golpe y suspira, como si necesitara hacer un peque\u00f1o esfuerzo para retomar la adecuada modulaci\u00f3n de sus palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La voluntad de Dios es as\u00ed \u2014dice, y en cierto modo da por terminada la conversaci\u00f3n\u2014. Aqu\u00ed no hay nada raro. Nada que no pase tambi\u00e9n en otras partes.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin decirlo, confirma lo que Paola de Grenet y yo venimos intuyendo sobre la idea que se tiene del albinismo en Aicu\u00f1a: que m\u00e1s que una condici\u00f3n de naturaleza gen\u00e9tica, la mayor\u00eda en el pueblo piensa que es un mero capricho del azar.<\/p>\n\n\n\n<p>Como cuando se nace zurdo, miope o con voz de cantante de \u00f3pera, y aunque se sabe que la predisposici\u00f3n para heredar esas caracter\u00edsticas hay que buscarla en los ancestros, prefiere refugiarse en la idea de que si fue al hermano a quien le toc\u00f3 ser el guapo de la familia o a la prima tener talento para los idiomas es porque en \u00faltima instancia fue la suerte, el destino, el \u00e1ngel de la guarda o Dios quien lo decidi\u00f3 as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Y que as\u00ed como a algunos les toca, a otros no.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/nuevarioja.com.ar\/galeria\/fotos\/2023\/06\/13\/e_1686660521.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Jose, la due\u00f1a de La Casa, el hospedaje en Aicu\u00f1a (Paola de Grenet\/Etiqueta Negra)<\/p>\n\n\n\n<p>Ni siquiera Irma Oliva de Orme\u00f1o, que tiene formaci\u00f3n en medicina y se presenta como una persona abierta a hablar de cualquier tema, admite la posibilidad de que el alto \u00edndice de personas albinas en Aicu\u00f1a tenga que ver con que la mayor\u00eda se apellide Orme\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Unas semanas despu\u00e9s, el padre Enrique Mart\u00ednez, el p\u00e1rroco asignado al pueblo, nos lo explicar\u00e1 de esta manera:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es que es muy probable que sea justamente por eso, porque casi todos se apellidan Orme\u00f1o, que nadie quiere hablar de este tema en Aicu\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Sentado en su despacho de la parroquia de Villa Uni\u00f3n, el pueblo con aspecto de ciudad m\u00e1s cercano a Aicu\u00f1a, el padre Mart\u00ednez contar\u00e1 que conoce el caser\u00edo desde hace veinticinco a\u00f1os y que es el p\u00e1rroco asignado all\u00ed desde hace una d\u00e9cada.<\/p>\n\n\n\n<p>Dir\u00e1 tambi\u00e9n que ha escuchado repetir a sus fieles un terrible rumor que empez\u00f3 a circular en la regi\u00f3n a partir del art\u00edculo publicado en la revista 7 D\u00edas: que la gran cantidad de albinos nacidos en Aicu\u00f1a se debe al castigo divino que cay\u00f3 sobre sus habitantes por haber practicado el incesto durante siglos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa palabra, incesto, la \u00edbamos a escuchar la fot\u00f3grafa y yo varias veces, pero siempre lejos de Aicu\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la ignorancia, no deja de tener cierta l\u00f3gica: si las cifras dicen que ocho de cada diez habitantes del pueblo se apellidan Orme\u00f1o, vistos desde fuera no es tan descabellado creer que en alg\u00fan momento debieron de tener hijos entre familiares directos.<\/p>\n\n\n\n<p>Es m\u00e1s, en Argentina no se suele usar el apellido materno, lo cual deja la opci\u00f3n de que m\u00e1s de un Orme\u00f1o lo sea en realidad doblemente, Orme\u00f1o Orme\u00f1o, tanto por parte del padre como de la madre.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed a la suposici\u00f3n del incesto no parece haber m\u00e1s que tres pasos: la cl\u00e1sica maledicencia pueblerina, la enconada y a menudo implacable rivalidad entre localidades vecinas y, como m\u00fasica de fondo, la violenta tradici\u00f3n b\u00edblica del castigo divino.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eso no es verdad \u2014explicar\u00e1 el padre Mart\u00ednez\u2014. Pero es dif\u00edcil explicarle a la gente la diferencia entre una comunidad endog\u00e1mica, cerrada, aislada y emparentada entre s\u00ed por equis razones hist\u00f3ricas, y una comunidad incestuosa.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/nuevarioja.com.ar\/galeria\/fotos\/2023\/06\/13\/e_1686660554.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Cualquier diccionario de bolsillo le da la raz\u00f3n al sacerdote: la endogamia es la uni\u00f3n o reproducci\u00f3n entre personas de ancestros comunes o nacidas en una peque\u00f1a comunidad aislada gen\u00e9ticamente, mientras que el incesto implica un grado directo de parentesco: es decir, cuando de por medio hay relaciones sexuales entre hermanos, o padres e hijos.Pero la imaginaci\u00f3n popular es muy poderosa. Y cruel.Como el Macondo de Cien a\u00f1os de soledad, esta historia se podr\u00eda contar as\u00ed: hubo una vez en el noroeste de Argentina un peque\u00f1o caser\u00edo donde progres\u00f3 una estirpe de agricultores de nogales y pastores de ovejas. Ese pueblo llamado Aicu\u00f1a, o \u00abel pago de los Orme\u00f1o\u00bb, permaneci\u00f3 aislado durante tres siglos, el triple que en la novela de Garc\u00eda M\u00e1rquez. Y si en Macondo la endogamia fue castigada seg\u00fan la leyenda del beb\u00e9 que un d\u00eda hab\u00eda de nacer con cola de cerdo, en la leyenda de Aicu\u00f1a que se fue propagando por las localidades vecinas las murmuraciones se centraban en los ni\u00f1os que nac\u00edan sin coloraci\u00f3n en el cuerpo. Exactamente, cuarenta y seis albinos en poco m\u00e1s de un siglo.Pero la verdadera noticia sobre el aislamiento de Aicu\u00f1a habr\u00e1 que buscarla en otra parte. Muy probablemente en esos mismos pueblos aleda\u00f1os que hoy hacen propaganda de su rareza.Muchos dicen que todo comenz\u00f3 con una pelea por la propiedad de las mejores tierras de cultivo de la zona. Qui\u00e9nes eran due\u00f1os de qu\u00e9 o, tal vez mejor, qui\u00e9nes quer\u00edan adue\u00f1arse de qu\u00e9.Es otra historia, otro tab\u00fa, del que nadie quiere hablar por aqu\u00ed.Aicu\u00f1a es un pueblo de una sola calle.No tiene una plaza central, como la mayor\u00eda de los pueblos.Es una calle larga, curva y empinada, rodeada de cerros, que empieza en unos mil quinientos metros sobre el nivel del mar y acaba por encima de los mil ochocientos.De un extremo a otro hay unos dos kil\u00f3metros de camino de tierra que los vecinos suelen recorrer a pie, aunque los muchachos prefieren hacerlo a caballo y los ni\u00f1os en burro, acomodados hasta en grupos de cinco sobre el lomo del animal.Las casas raramente est\u00e1n una frente a otra, sino intercaladas, formando un zigzag: una casa al lado izquierdo, al costado un huerto, y frente a ese huerto la casa de la acera derecha, que al costado tambi\u00e9n tiene un huerto, y frente a ese huerto otra casa en la acera izquierda, y as\u00ed.Para darse los buenos d\u00edas de una ventana a otra, los vecinos no pueden hacerlo en l\u00ednea recta, sino en diagonal.Algunas casas tampoco tienen puertas que dan a la calle. Para entrar por ellas hay que hacerlo dando un rodeo por el huerto del costado, a trav\u00e9s de una reja de alambre o de madera. La verdadera puerta de entrada \u2014lo que uno llamar\u00eda simplemente \u00abla entrada\u00bb\u2014 est\u00e1 reci\u00e9n del otro lado, de cara a los cerros.Es imposible olvidar lo que uno siente al llegar a Aicu\u00f1a por primera vez. Si no hay nadie que te est\u00e9 esperando o salga a saludarte, es como si el pueblo entero te recibiese de espaldas.Entre las dos y las cinco de la tarde, cuando Paola de Grenet y yo llegamos a Aicu\u00f1a, parec\u00eda un lugar deshabitado. Luego nos lo explicaron: son las horas sagradas de la siesta. Aun as\u00ed, en los d\u00edas siguientes, cada vez que sobre estas mismas horas hemos recorrido la \u00fanica calle del pueblo, a menudo hemos tenido la impresi\u00f3n de que alguien nos observaba.Es una sensaci\u00f3n rara. B\u00e1sicamente porque de pronto te giras, tratando de sorprender al fisg\u00f3n que de seguro se oculta tras una cortina, y no ves a nadie.Una tarde, despu\u00e9s del almuerzo, estamos descansando en la espl\u00e9ndida terraza que tiene el hostal de do\u00f1a Josefa y Dante Orme\u00f1o. La terraza se eleva m\u00e1s o menos un metro sobre la calle de tierra. Desde esta altura, en unos sillones forrados con pieles de vaca, Aicu\u00f1a parece el escenario de una pel\u00edcula del Lejano Oeste.Como son las horas sagradas, el escenario luce vac\u00edo.\u2014F\u00edjense \u2014nos dice Dante Orme\u00f1o\u2014: no se oye nada. Por eso se siente hasta el menor ruido y la gente es capaz de distinguir, por c\u00f3mo suena un motor, si el coche que viene es o no de alg\u00fan conocido.Dante Orme\u00f1o sonr\u00ede, pero insiste en que no est\u00e1 exagerando.Cuando era ni\u00f1o, su padre le ense\u00f1\u00f3 a reconocer la camioneta de un vendedor que una vez por semana tra\u00eda alimentos imposibles de conseguir en el pueblo. Recuerda que aprendi\u00f3 a detectar el motor a varios kil\u00f3metros de distancia.\u00abAh\u00ed viene don Lulo\u00bb, se dec\u00eda a s\u00ed mismo, y acertaba. Y dice que as\u00ed como \u00e9l, casi todos los ni\u00f1os pod\u00edan hacerlo.\u2014Salvo una \u00e9poca en que entr\u00f3 una l\u00ednea de colectivos, Aicu\u00f1a ha vivido en estado de aislamiento casi total. Ahora las cosas han cambiado un poco. Algunos quisieran que venga m\u00e1s gente, que el pueblo se abra, que los j\u00f3venes sepan que hay otro mundo fuera de aqu\u00ed, pero no es f\u00e1cil.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/nuevarioja.com.ar\/galeria\/fotos\/2023\/06\/13\/e_1686660587.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Dante Orme\u00f1o se hab\u00eda ido del pueblo y regres\u00f3: quiso cumplir el sue\u00f1o de su padre de abrir el hostal La Casa junto a su madre y sus hermanos (Paola de Grenet, Etiqueta Negra)<\/p>\n\n\n\n<p>Dante Orme\u00f1o no lo dice, pero es imposible que no lo piense: entre la gente que quiere que las cosas cambien en Aicu\u00f1a est\u00e1 \u00e9l mismo. No s\u00f3lo ha abierto con su madre y sus hermanos el hostal La Casa, sino que ha convencido a los agricultores de nueces de mejorar sus cultivos para acceder a nuevos mercados.Tambi\u00e9n, cada s\u00e1bado, es uno de los infaltables en el torneo de f\u00fatbol en el que participan unos cincuenta vecinos \u2014las mujeres van s\u00f3lo a mirar, por ahora\u2014 y ha comprado para el hostal una mesa de ping-pong, una red de voleibol, una computadora, un equipo de m\u00fasica y un enorme televisor que capta canales por sat\u00e9lite, todo para uso gratuito de la gente del pueblo.Desde la aparici\u00f3n de La Casa, es evidente que los fines de semana en Aicu\u00f1a son m\u00e1s animados, m\u00e1s comunitarios, m\u00e1s extrovertidos.Los s\u00e1bados por la noche los muchachos suelen caer a tocar la guitarra, jugar a las cartas o beber una cerveza. La cerveza casi siempre es la variedad negra, de un sabor especialmente dulz\u00f3n, que aqu\u00ed toman en botellas de un litro, para compartir.Juli\u00e1n Orme\u00f1o, un chico listo, curioso y el alumno m\u00e1s brillante de la escuela a decir de sus profesores, est\u00e1 convencido de que las cosas empezaron realmente a cambiar desde que hace unos a\u00f1os Dante Orme\u00f1o regres\u00f3 a vivir al pueblo. Fue \u00e9l, dice, quien le ense\u00f1\u00f3 a tocar la guitarra y con quien puede hablar lo mismo de las nuevas voces del folclore riojano como La Bruja Salguero o Natalia Barrionuevo que de los veteranos satanaces del rock nacional como Charly Garc\u00eda o Luis Alberto Spinetta.Dante Orme\u00f1o es quiz\u00e1 el \u00fanico de su generaci\u00f3n que se march\u00f3 en busca de otros aires y mayores opciones de trabajo, lleg\u00f3 a administrar una bodega de vinos y regres\u00f3. Donde lo novedoso aqu\u00ed no es irse del pueblo, sino volver.Esta tarde en que estamos descansando en la terraza le pregunto por qu\u00e9 lo hizo:\u2014Mi padre se muri\u00f3 sin poder convertir la casa en un hostal. Era su sue\u00f1o.A su padre, don Ambrosio Orme\u00f1o, casi todos lo recuerdan como el \u00faltimo patriarca de Aicu\u00f1a. Fue director de la escuela, organiz\u00f3 la cooperativa de productores de nueces, consigui\u00f3 pr\u00e9stamos para fabricar casas de material noble y crey\u00f3 siempre que si abr\u00eda un negocio de hospedaje empezar\u00eda a llegar ese tipo de turista que busca lugares bonitos, tranquilos, esencialmente rurales, para pasar unos d\u00edas de descanso. Y que ese contacto con gente de fuera ser\u00eda bueno para todos en el pueblo.\u2014Aqu\u00ed \u2014prosigue Dante Orme\u00f1o, que ahora ha encendido un cigarrillo y fuma con parsimonia\u2014 somos como una familia gigante. Lo que les duele a unos nos duele a todos. Y t\u00fa no puedes cerrar los ojos cuando algo le duele a tu familia.No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que Dante Orme\u00f1o ha puesto en marcha las convicciones de su padre. En dos sentidos: no parar\u00e1 hasta que La Casa de Aicu\u00f1a se conozca en la regi\u00f3n como una magn\u00edfica posada de ocio rural, que lo es, y est\u00e1 decidido a mejorar los negocios del pueblo para ponerlos al d\u00eda con el mundo, aun cuando para ello tenga que cambiar la actitud arisca que algunos vecinos mantienen con los extra\u00f1os.Como su padre, debe de estar convencido de que una cosa lleva a la otra.Esa introversi\u00f3n, y su cara m\u00e1s visible, el aislamiento, podr\u00eda parecer que est\u00e1 ligada a la cantidad de albinos que han nacido en Aicu\u00f1a desde finales del siglo XIX o, m\u00e1s exactamente, a la ignorante difusi\u00f3n que esta peculiaridad tuvo en el resto de La Rioja a partir de los ochenta. Como si el saberse distintos, objeto de atenci\u00f3n de la m\u00e1s impertinente curiosidad ajena, hizo que se volvieran hura\u00f1os, huidizos y se cerraran sobre s\u00ed mismos.Pero no es as\u00ed: el alto \u00edndice de albinismo se debe m\u00e1s bien a su larga historia de retraimiento. Fue el aislamiento el que dio origen al albinismo y no al rev\u00e9s.Si Aicu\u00f1a no hubiese pasado trescientos cincuenta a\u00f1os sin mezclarse con gente de otros lugares quiz\u00e1 no habr\u00edan nacido cuarenta y seis albinos en poco m\u00e1s de un siglo.Para que una persona sea albina, tanto su madre como su padre deben portar ese gen, una probabilidad que seg\u00fan la Johns Hopkins University s\u00f3lo se da en uno de cada diecisiete mil nacimientos. Pero en un pueblo donde ocho de cada diez se apellidan Orme\u00f1o la probabilidad crece exponencialmente y deja de ser infrecuente que muchos adultos sean portadores del gen. Para que un ni\u00f1o nazca albino sus padres no tienen que ser familiares directos: basta que, lejanamente, ambos desciendan de la misma rama.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/nuevarioja.com.ar\/galeria\/fotos\/2023\/06\/13\/e_1686660618.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>Un pueblo aislado de no m\u00e1s de 300 habitantes, una sola calle principal y una vieja camioneta: im\u00e1genes de una aldea que mantiene viva su historia en la memoria de sus habitantes (Paola de Grenet\/Etiqueta Negra)<\/p>\n\n\n\n<p>Si hay algo que de verdad sorprende en este pueblo es el registro minucioso de su historia.Es una historia b\u00e1sicamente geneal\u00f3gica que no hace falta buscar en los archivos de la oficina de Registro Civil de Julio C\u00e9sar Orme\u00f1o o en los armarios de la iglesia, porque est\u00e1 viva en la memoria de los habitantes. Muchos, y no s\u00f3lo los ancianos, pueden relatarla como si fuese una sucesi\u00f3n de matrimonios y descendencias de por lo menos quince generaciones desde que Aicu\u00f1a empez\u00f3 a poblarse en 1663 sin figurar en los mapas. Un intrincado laberinto onom\u00e1stico de qui\u00e9n se cas\u00f3 con qui\u00e9n y cu\u00e1ntos hijos tuvieron, y esos hijos a su vez con qui\u00e9nes se casaron, y despu\u00e9s los nietos y bisnietos, y as\u00ed, hasta ahora.Es una historia geneal\u00f3gica, pero no deja de ser tambi\u00e9n una historia econ\u00f3mica, ligada a la propiedad de la tierra.Resulta que el pueblo fue en principio un terreno de poco valor comprado por el general espa\u00f1ol Pedro Nicol\u00e1s de Brizuela para que uno de sus hijos nacido fuera del matrimonio, o \u00abileg\u00edtimo\u00bb como se dec\u00eda por entonces, fuese due\u00f1o de una propiedad que nunca nadie pudiera quitarle.Hay que ubicarse en la \u00e9poca.En tiempos de la colonia, las propiedades familiares s\u00f3lo las heredaban los hijos \u00ableg\u00edtimos\u00bb, esto es, nacidos y bautizados dentro del sacramento matrimonial. Sabiendo esto, De Brizuela compr\u00f3 la estancia de Aicu\u00f1a para evadir esas leyes y escribi\u00f3 en su testamento que lo hac\u00eda \u00abpara que este pobre, por serlo, goce un pedazo de tierra con el que pueda sustentarse, y si alg\u00fan [otro]hijo m\u00edo intentase quit\u00e1rselo, incurra en mi maldici\u00f3n como quien va contra la voluntad de Dios y de su padre\u00bb.La advertencia, sin embargo, no sirvi\u00f3 de nada: en tres siglos, los otros hijos, que fueron ocho, trataron de apropiarse varias veces de la estancia del hermano.La \u00faltima vez que alguien lo intent\u00f3 fue en 1955. De ah\u00ed que no sea dif\u00edcil entender por qu\u00e9 los habitantes de Aicu\u00f1a optaran por vivir durante tanto tiempo, m\u00e1s que cerrados sobre s\u00ed mismos, dando la espaldas a los otros pueblos de la regi\u00f3n. Sus lejanos y alguna vez poderosos y en cualquier caso ambiciosos parientes.Pero De Brizuela no s\u00f3lo les dej\u00f3 una poco valiosa extensi\u00f3n de terreno y un conflicto sobre su leg\u00edtima propiedad. Su herencia clave en esta historia fue el gen recesivo del albinismo.El doctor Eduardo Castilla descubri\u00f3 en su estudio gen\u00e9tico que aunque el hijo \u00abileg\u00edtimo\u00bb no fue albino, s\u00ed lo fueron dos de los otros ocho. De modo que su conclusi\u00f3n se lee como una certeza biol\u00f3gica: el primer portador del gen fue el general espa\u00f1ol.Y aqu\u00ed la historia se divide en dos.Mientras los descendientes de De Brizuela amparados por la ley no ten\u00edan problema en emparentarse y tener hijos con personas de otras localidades, los primeros habitantes de Aicu\u00f1a estaban en cierto modo condenados a hacerlo con sus vecinos de calle. De eso depend\u00eda su supervivencia econ\u00f3mica, de mantener la propiedad del territorio que ocupaban entre pocos, y mientras m\u00e1s conocidos, mejor. Que no apareciese un forastero que diese un argumento m\u00e1s a los jueces aparte de las discriminatorias leyes de herencia. O peor: un advenedizo oportunista queriendo hacer negocio con los hijos y nietos de los otros hermanos.\u2014A\u00f1os m\u00e1s tarde \u2014nos dir\u00e1 el padre Enrique Mart\u00ednez\u2014 el apellido Orme\u00f1o debi\u00f3 de multiplicarse m\u00e1s que los otros y de pronto pareci\u00f3 que en Aicu\u00f1a todos pertenec\u00edan a una misma familia, aunque no lo fueran.El porqu\u00e9 los Orme\u00f1o aumentaron a mayor velocidad que la gente con otros apellidos s\u00ed est\u00e1 en los archivos del Registro Civil de Julio C\u00e9sar Orme\u00f1o y aritm\u00e9ticamente es muy simple.El primer Orme\u00f1o fue un inmigrante peruano que tuvo ocho hijos con una chica cuya \u00fanica hermana s\u00f3lo tuvo uno. De esos nueve beb\u00e9s fundacionales, ocho ya eran Orme\u00f1o. Es decir, la misma proporci\u00f3n que se ha mantenido hasta hoy.Una tarde, al salir de la escuela, Juli\u00e1n Orme\u00f1o nos lo explicaba as\u00ed:\u2014Yo a todos los Orme\u00f1o los llamo t\u00edos, pero a veces no s\u00e9 ni qu\u00e9 vienen a ser de m\u00ed.\u00c9ste es el origen del albinismo en Aicu\u00f1a, de sus trescientos cincuenta a\u00f1os de aislamiento y tambi\u00e9n de la extraordinaria memoria geneal\u00f3gica que parecen tener sus habitantes: para proteger los derechos de propiedad de sus tierras debieron cerrarse a los pueblos fundados por los otros descendientes de De Brizuela, los que ten\u00edan a la ley de su lado.Este vivir de espaldas al mundo elev\u00f3 a niveles alt\u00edsimos la probabilidad de que se formaran parejas entre portadores del gen del albinismo y, por lo tanto, de que la herencia gen\u00e9tica del general espa\u00f1ol empezara a manifestarse. Por \u00faltimo, para probar en los juicios de propiedad que descend\u00edan directamente del hijo \u00abileg\u00edtimo\u00bb de De Brizuela, tuvieron que entrenar la memoria actualizando constantemente su \u00e1rbol geneal\u00f3gico.El rumor de que el alto \u00edndice de albinismo en Aicu\u00f1a fue un castigo de Dios a sus costumbres incestuosas se fragu\u00f3 en esas mismas localidades vecinas que ahora esparcen la leyenda del \u00abmisterioso pueblo de los albinos\u00bb como un atractivo tur\u00edstico. Quiz\u00e1 no sea por pura casualidad. Tal vez, aunque nadie quiera hablar de ello, era la \u00fanica manera mundana \u2014no divina\u2014 de castigar a una estirpe que progres\u00f3, aislada y solidariamente, a partir de una herencia ileg\u00edtima.\u00abFollow the money trail\u00bb. Sigue el rastro del dinero, se lee a menudo en el Financial Times de Benedict Mander.Tambi\u00e9n en Aicu\u00f1a hab\u00eda que hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Infobae. Publicado originalmente en la revista peruana Etiqueta Negra y en Infobae el 13 de junio de 2019.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el d\u00eda Internacional de Sensibilizaci\u00f3n sobre el Albinismo, proclamado por las Naciones Unidas, vale recordar este incre\u00edble dossier sobre Aicu\u00f1a del escritor y periodista To\u00f1o Angulo Daneri y la fot\u00f3grafa Paola de Grenet. Lucas Orme\u00f1o, albino y pobladores de la aldea riojana. En el mundo hay un albino por cada diecisiete mil personas. 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