Foto generada con IA

Una nueva etapa en el proceso de desclasificación de archivos vinculados a fenómenos aéreos no identificados en la República Argentina pone ahora el foco en la Antártida. Documentación oficial confirma la existencia de rollos originales con mediciones realizadas en 1991 en la Base General San Martín, en el Sector Antártico Argentino, en el marco de un episodio que durante años circuló solo en el ámbito testimonial.

Base General San Martín, en el Sector Antártico Argentino

La información surge tras un pedido formal de acceso a la información pública impulsado por la organización CEFORA (Comisión de Estudio del Fenómeno Ovni en la República Argentina), en el marco de la Ley 27.275.

El hecho: señales anómalas en la Base San Martín

El testigo denunciante es Miguel T. Amaya, Suboficial (R) de la Fuerza Aérea Argentina, especialista en Meteorología, Observador Meteorológico y Radiosondeista, quien prestaba servicios en abril de 1991 en la Base General San Martín.

Según su relato, el episodio ocurrió durante el inicio de la noche polar, con una dotación de 20 hombres entre científicos y militares. Las condiciones meteorológicas eran extremas: nevadas continuas desde hacía casi una semana, nubes bajas entre 30 y 60 metros, visibilidad reducida a 200 o 300 metros y temperaturas cercanas a los -25°C.

Cerca de la 01:00 de la madrugada, en el laboratorio científico de la base, un riómetro —instrumento que mide la opacidad ionosférica relativa— comenzó a registrar señales inusuales. Los científicos conectaron un sistema de registro gráfico con tres brazos trazadores, similares a un sismógrafo. Lo que observaron los desconcertó: las tres agujas comenzaron a realizar trazos idénticos, algo que, según el ingeniero a cargo, era técnicamente imposible.

Foto original de las mediciones

Las señales se interrumpían y regresaban por lapsos de 10 a 15 minutos, algunas veces con tal intensidad que se salían de la faja de registro. El fenómeno se prolongó durante aproximadamente cuatro horas y media, hasta las 05:30 de la mañana.

Uno de los científicos llegó a comparar la magnitud energética necesaria para producir esas marcaciones con la presencia de un portaaviones nuclear a pocos metros o “una ciudad como Buenos Aires suspendida en el aire con todas sus luces encendidas”.

Ese viernes, como era habitual, el ingeniero responsable del laboratorio se comunicó por radio con la Dirección Nacional del Antártico. Al informar la intensidad extraordinaria de las señales, fue interrumpido por su superior, quien le indicó que no podía hablar de ese tema por frecuencia abierta y que debía entregar personalmente el rollo en febrero, cuando arribara el rompehielos Rompehielos ARA Almirante Irízar.

Rompehielos ARA Almirante Irízar.

La orden fue clara: conservar el material bajo resguardo personal y no enviarlo por ningún vuelo.

Horas más tarde, alrededor de las 22:00, uno de los integrantes del laboratorio relató haber observado, a pesar de la nubosidad y la nevada persistente, un enorme círculo de luz que atravesó lentamente el cielo sobre la base y se dirigió hacia el mar, sin emitir sonido alguno.

El fenómeno fue descrito como una luz atenuada por las nubes bajas, pero claramente visible en su desplazamiento.

Décadas después, un colaborador de CEFORA, Axel Díaz, solicitó formalmente al Ministerio de Relaciones Exteriores —Secretaría de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur— información sobre mediciones de riómetro realizadas en 1991 en la Base San Martín.

La respuesta oficial confirmó:

  • La existencia de nueve rollos originales en papel con mediciones realizadas entre el 2 de abril de 1991 y el 13 de enero de 1992.
  • Que no existe registro digital de esos datos.
  • Que el material puede ser consultado en las instalaciones del Instituto Antártico Argentino.
  • Que no hay otra información asociada oficialmente a esos registros.

La confirmación documental constituye un punto clave: el material físico existe y fue preservado.

La reapertura del caso permitió identificar a otros protagonistas mencionados en el relato original investigado por el investigador platense Carlos Alberto Iurchuk.

Entre ellos:

  • El ingeniero electrónico Esteban Lucio González, oriundo de Mar del Plata, con especialización en procesamiento de señales digitales.
  • El oficial Carlos Alberto Drews, quien cumplió funciones en la base en 1991.
Carlos Alberto Iurchuk

La localización de nuevos testigos abre la posibilidad de ampliar la reconstrucción de los hechos con documentación y testimonios directos.

El caso se inscribe en un año particularmente activo en materia de reportes anómalos. En 1991 se registraron:

  • Avistamientos en Victoria, Entre Ríos.
  • El masivo evento durante el eclipse en Ciudad de México.
  • Casos en Japón.
  • Y la famosa señal “Wow! argentina” asociada al código 6EQUJ5 detectada por el Instituto Argentino de Radioastronomía en La Plata, vinculada a proyectos de escucha similares al SETI Institute.

Aunque muchos de estos episodios tuvieron explicaciones parciales o permanecen sin resolución definitiva, el contexto histórico refuerza el interés sobre lo ocurrido en la Antártida.

La campaña de CEFORA se consolida como parte de un proceso social más amplio: el uso de la Ley de Acceso a la Información Pública para recuperar documentación histórica sobre fenómenos aéreos no identificados (FANI/UAP).

El caso Base San Martín reúne elementos singulares:

  • Ocurrió en territorio antártico argentino.
  • Se produjo dentro de un entorno científico controlado.
  • Generó registros instrumentales.
  • Fue objeto de una advertencia formal para evitar su difusión por radio.

La desclasificación no prueba la naturaleza del fenómeno, pero sí confirma que hubo registros anómalos oficialmente documentados y preservados durante más de tres décadas.

Nueve rollos originales en papel con mediciones realizadas entre el 2 de abril de 1991 y el 13 de enero de 1992

En un momento donde el debate internacional sobre UAP avanza con nuevas revelaciones, la Antártida argentina se suma ahora al mapa de los archivos recuperados. Y esta vez, los rollos existen.

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