“No me voy a morir hasta encontrar a mi hijo”, repite Hilda Lavizzari hace 31 años, desde que su hijo Paulo Christian Guardati, de 21 años, fue visto por última vez cuando caminaba esposado y custodiado por un policía de civil por un boulevard del barrio La Estanzuela, en Godoy Cruz. Pasaron 31 años y no se sabe dónde está su cuerpo, aunque una nueva pesquisa trae esperanzas a su madre de 80 años.
Decenas de jueces tuvieron en sus manos la investigación sobre qué pasó con Guardati. Varias hojas del extensísimo expediente se perdieron con cada cambio de magistrado. Durante muchos años la causa estuvo en la Fiscalía de Homicidios de la fiscal Claudia Ríos, hasta que en el 2021 pasó a manos de la Justicia Federal, donde el hecho es considerado de lesa humanidad y no tiene fecha límite.

Hasta hoy, 31 años después de la desaparición, no hay imputados ni condenados por la desaparición forzosa del joven de 21 años. Un sospechoso principal y tres cómplices, todos policías, estuvieron implicados y acusados desde el primer momento de la investigación, pero fueron sobreseídos.
“Ni siquiera tengo una lápida donde llevar una flor”, expresó durante décadas la madre de Guardati, quien a sus 80 años, con su cabello completamente blanco y acompañada de una dura enfermedad que padece hace tiempo, jamás dejó de luchar y de buscar a su hijo. Cualquier indicio, cualquier pista, cualquier cosa que lleve a encontrar algo de la humanidad de Paulo Christian Guardati, es una luz de esperanza para ella.
Siempre recuerda las últimas palabras que escuchó de la boca de su hijo de 21 años, aquel 23 de mayo de 1992 cuando salió de su casa: “Vieja, voy al baile. No me esperés levantada”.
La última noche de Guardati
Paulo Cristian Guardati era un albañil de 21 años. En la noche del 23 de mayo de 1992 fue a un baile en la escuela Atilio Anastasi, ubicada en calle Mathus Hoyos 22.000, en el barrio La Estanzuela, de Godoy Cruz, con sus amigos César Oscar Altamiranda, Ricardo Hernán Andrade, Roberto Carlos Ramírez y Cristian Walter Reinoso.

Cuando regresaban a sus casas, entre las 4.30 y las 5 de la madrugada del domingo 24 de mayo, se cruzaron con un policía de civil. El hombre sin uniforme caminaba por la vereda de enfrente a la de ellos, y según la declaración de Andrade y Ramírez, Guardati le habría lanzado una piedra porque parecía seguirlos. Esto provocó que el efectivo vestido con un buzo y un jogging oscuro, disparara hacia el aire y corriera detrás de ellos.
Los jóvenes escaparon hacia diferentes direcciones para no ser alcanzados, pero el sospechoso eligió ir detrás de Guardati. Su amigo Andrade declaró que vio cuando el hombre alcanzó al joven de 21 años y lo tiró al suelo. Por su parte, Ramírez relató el momento en que le puso las esposas.
Ante los gritos y ruidos, varios vecinos del barrio La Estanzuela salieron para ver qué pasaba. En sus testimoniales algunos expresaron que escucharon un disparo, otros que fueron cerca de ocho detonaciones. Pero los relatos coinciden en que un hombre joven, alto, de pelo corto, con un arma de fuego en una de sus manos “como la reglamentaria que usa la Policía”, vestido de civil con un jogging azul oscuro, y con actitud de policía, llevaba por el medio del Boulevard de la calle Ólmo Zárate hacia el Sur a Guardati, quien iba esposado.
Por el camino en el que iban, estaba claro que se dirigían al Destacamento de La Estanzuela, hoy Comisaría 40, ubicada en calle Lago Hermoso. Su amigo Ramírez detalló que siguió a Guardati y a su captor hasta que llegaron a la vereda de esa dependencia policial, y se fue.
Los amigos del joven de 21 años creyeron que pasaría la noche detenido, especialmente por lanzarle un piedrazo a un efectivo, y que al día siguiente saldría en libertad sin ningún inconveniente. Pero eso no ocurrió.
La madre de Guardati se enteró de lo ocurrido, y esperó algunas horas, pero al no tener noticias de su hijo, y sin saber dónde había sido llevado, hizo la denuncia el 25 de mayo en la Comisaría 7°, de Godoy Cruz.
Eran otros tiempos. Los efectivos empezaron la investigación sin haber informado a un juez de Instrucción, como lo establecía el Código de procedimientos penales de Mendoza. Esto impidió que un magistrado diera directivas y tomara decisiones cruciales en las horas más importantes de la causa, y llevó a la pérdida de testimonios y pruebas claves.
Una Justicia que nunca llegó para Guardati
La jueza Estela Garritano de Cejas procesó e imputó en febrero de 1993 a los policías Walter Rubén Godoy, Oscar Ramón Luffi, Walter Rolando Páez y José Antonio Aracena por privación ilegítima de la libertad y por homicidio calificado.
Para la magistrada, Paulo Christian Guardati había sido capturado por Walter Godoy por la cantidad de testimonios de personas no vinculadas entre sí que coincidían. Los otros tres policías, que estaban de guardia en la madrugada del 24 de mayo de 1992 en el Destacamento de La Estanzuela, los acusó de partícipes necesarios de la desaparición.
Hubo decenas de imputaciones por falso testimonio y encubrimiento mientras avanzaba la investigación, hasta que en abril de 1993, la Quinta Cámara del Crimen dictaminó, en forma dividida, la falta de mérito para acusarlos de privación ilegítima de la libertad y homicidio calificado, y los efectivos recuperaron la libertad.
En julio, el juez de instrucción Pedro Funes tomó la causa. Procesó al Walter Godoy como autor de la privación ilegítima de la libertad, pero para sus compañeros Luffi, Páez y Aracena sostuvo que su participación en la detención no estaba acreditada.
A fines de noviembre, el magistrado sobreseyó a los tres policías que estaban de guardia en la Comisaría, mientras que a Godoy, sospechado de ser el capturador, también lo liberó de culpa del delito de homicidio calificado.
En marzo de 1994, otra vez la Quinta Cámara del Crimen anuló el procesamiento de Godoy por el delito de privación ilegítima de la libertad por la detención de Guardati, y ordenó el sobreseimiento del agente.
La duda sobre un cuerpo en el Cementerio de Capital
En 1992 hallaron un cuerpo en el crematorio del Cementerio de la Capital de Mendoza. La jueza Garritano de Cejas, la primera en investigar la desaparición de Guardati, consideró que se trataba de él basada en la descripción física y por la ropa que tenía el cuerpo.
Pero la Cámara del Crimen indicó que las pruebas durante el proceso señalaban que el cadáver encontrado no era Guardati, según las conclusiones de un médico del Cuerpo Médico Forense que revisó el cuerpo en la capilla ardiente del crematorio del Cementerio de la Capital, donde fue hallado. Un galeno del mismo Cuerpo y personal del Cuerpo Médico Forense de la Nación, hicieron otro informe y coincidieron que no se trataba del joven desaparecido.
También cotejaron el ADN del cadáver con muestras del padre del joven desaparecido, Mario Juan Guardati, y de su madre, Hilda Lavizzari, cuyo resultado no fue contundente.
Es el mismo cuerpo que fue exhumado este jueves por antropólogos forenses de la Universidad de Buenos Aires, quienes tomaron muestras para repetir el cotejo. Esperan que esta vez el resultado sea concreto y de una vez por todas se logre determinar si se trata o no del joven de 21 años desaparecido hace 31 años. Estimaron que dentro de un mes se podrá tener el informe.
Durante décadas el cuerpo del joven albañil fue buscado por varios lugares, principalmente en el piedemonte mendocino, en el Destacamento de La Estanzuela, hoy Comisaría 40, de Godoy Cruz, hasta donde llegó el joven custodiado y esposado por un policía de civil. Nada tuvo resultados.
En 2012, un llamado anónimo aseguró que el cuerpo de Guardati estaba enterrado en el cuadro 34 del Cementerio de la Capital de Mendoza, junto al cuadro 33, donde sepultaron los cuerpos de personas no reconocidas, o NN, y también a desaparecidos durante la última dictadura miliar.
Personal de Antropología Forense trabajó en ese sector durante 36 horas, y con la presencia de Hilda Lavizzari, levantaron varios restos óseos, pero luego de analizarlos, ninguno coincidió con Guardati. La ilusión de su madre se apagó una vez más.
Mendoza reconoció su culpa en el caso Guardati
El año en el que desapareció Guardati en Mendoza gobernaba el peronista Rodolfo Gabrielli y el ministro de Gobierno era Alfredo Porras, quien además tenía a su cargo el accionar policial y penitenciario.
En 1998, en el gobierno de Arturo Lafalla, Mendoza tomó una decisión sin antecedentes en Argentina al reconocer su responsabilidad y culpa en la desaparición forzosa de Paulo Christian Guardati, e intentó resarcir económicamente a su madre con $136.000 en aquel entonces.
Los abogados de Hilda Lavizzari acudieron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y cuando estaban por condenar a Argentina por violar el derecho de vida y libertad de Guardati, la Cancillería pactó a una solución amistosa con la Corte.
A raíz de esto se crearon dos comisiones. Una de ellas encargada de fallar y obligar al Estado provincial a pagarle a Lavizzari la indemnización por la desaparición forzosa de su hijo, lo que contó además con el aval de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
La otra comisión tuvo el objetivo de investigar desde el comienzo el caso Guardati y concluyeron que la decisión de la Cámara del Crimen de sobreseer a los cuatro policías implicados fue errónea. Los pesquisas determinaron que los cuatro acusados eran culpables, pero no podían volver a juzgados por el mismo delito, y pidieron que fueran expulsados de la fuerza policial.
También denunciaron una extensa red de complicidades en torno al caso, pero no identificaron a nadie de la cadena de encubrimientos.
La última declaración por el caso Guardati
Hasta el día de hoy rige una recompensa de $1.500.000 para quien aporte datos sobre dónde está el cuerpo del joven de 21 años desaparecido hace 31 años, y revele datos de qué pasó con él.
En plena pendemia por coronavirus, en agosto del 2020, un ex policía preso pidió hablar con la fiscal de Homicidios Claudia Ríos, quien hasta ese momento tenía la causa de Guardati.
El ex funcionario insistió que el caso del joven de 21 años fue un hecho de abuso policial y aseguró que el autor fue un efectivo que era de la Brigada Nocturna de Investigaciones. Detalló que el Guardati nunca entró al Destacamento de La Estanzuela, en Godoy Cruz, sino que lo subieron a una camioneta que usaba esa división y se lo llevaron. También dijo que el policía al que se refiere estuvo procesado en el inicio de la investigación junto con otros efectivos, pero años después fue sobreseído por la Justicia.
Fuente: Diario UNO
