El INPRES registró una intensa sucesión de movimientos telúricos entre el 16 y el 17 de agosto. El mayor alcanzó magnitud 4,5 en Salta. Los especialistas advierten que una concentración de sismos no significa, por sí sola, que se esté gestando un terremoto mayor. Pero el fenómeno vuelve a poner el foco sobre la preparación y la prevención en las provincias sísmicamente más activas del país.

La tierra volvió a moverse en distintos puntos de la Argentina. Durante apenas 48 horas, entre el 16 y el 17 de agosto, se registró una sucesión de movimientos telúricos que, según el relevamiento difundido a partir de los datos del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), involucró principalmente a San Juan, Salta, Jujuy y Mendoza.

El dato que llamó la atención fue la concentración temporal: 18 movimientos en apenas dos días, con ocho registros en San Juan, cuatro en Salta, tres en Jujuy y tres en Mendoza.

Sin embargo, el análisis de los registros oficiales muestra un dato importante: la actividad no correspondió a un único foco sísmico. Los epicentros se distribuyeron en diferentes sectores y presentaron profundidades y magnitudes diversas. Por eso, la sucesión de movimientos no permite afirmar que se trate de una única secuencia ni que exista necesariamente una relación directa entre todos los eventos.

El sismo más fuerte: magnitud 4,5 en Salta

El movimiento de mayor magnitud registrado en ese período alcanzó 4,5 y tuvo epicentro en la provincia de Salta.

Según el INPRES, ocurrió el 16 de agosto a las 18:06, con epicentro ubicado aproximadamente 31 kilómetros al noreste de Tolar Grande, 57 kilómetros al sur de Catúa y 89 kilómetros al oeste de San Antonio de los Cobres. La profundidad calculada fue de 186 kilómetros.

Ese mismo día también se produjo otro movimiento de magnitud 4,0 en San Juan. El evento ocurrió a las 23:21, con epicentro a 21 kilómetros al sudeste de Talacasto y una profundidad de 111 kilómetros. Fue percibido en la ciudad de San Juan con intensidad III en la escala de Mercalli Modificada y levemente en localidades como Caucete, Jáchal, Valle Fértil e Iglesia. (Inpres)

En Mendoza, en tanto, el INPRES registró el 17 de agosto a las 5:33 un sismo de magnitud 2,7, con epicentro a unos 20 kilómetros de profundidad y percepción de intensidad II a III en la Ciudad de Mendoza.

¿Muchos sismos significan que viene un terremoto?

La respuesta es: no necesariamente.

La actividad sísmica de una región puede presentar períodos con mayor cantidad de eventos y otros de menor frecuencia. Una sucesión de movimientos, especialmente cuando tienen diferentes epicentros, profundidades y magnitudes, no constituye por sí misma una señal confiable de que vaya a producirse un terremoto de mayor magnitud.

De hecho, el propio INPRES sostiene que la predicción de terremotos no permite reducir por sí sola el riesgo sísmico. Por eso, el eje de la estrategia debe estar puesto en la prevención, la reducción de la vulnerabilidad de las construcciones y la preparación de la población.

Argentina vive sobre una zona sísmicamente activa

La sucesión de movimientos tampoco resulta extraña desde el punto de vista geológico.

La mayor parte de la actividad sísmica argentina se concentra en el Noroeste y Centro-Oeste, especialmente a lo largo de la Cordillera de los Andes. La explicación está relacionada con el proceso de subducción de la placa de Nazca por debajo de la placa Sudamericana, que genera esfuerzos tectónicos capaces de producir terremotos, deformaciones y actividad en fallas geológicas.

Entre las provincias con mayor frecuencia sísmica aparecen Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, Salta y Jujuy. Esto significa que un movimiento registrado en alguna de estas provincias no constituye un hecho excepcional, aunque la magnitud, profundidad, ubicación y cercanía a zonas pobladas determinan su potencial impacto.

La historia argentina demuestra, además, que el riesgo no es teórico. El INPRES recuerda los grandes terremotos que afectaron a Cuyo, entre ellos el de Mendoza de 1861 y el terremoto de San Juan de 1944, que provocaron enormes daños y pérdidas humanas.

La prevención sigue siendo la principal herramienta

Frente a este escenario, el mensaje de los organismos especializados no apunta a generar alarma, sino a estar preparados.

El INPRES recomienda establecer planes de prevención y emergencia sísmica, identificar previamente los lugares seguros, mantener despejadas las vías de escape y disponer de elementos básicos como linternas y radios a pilas. También aconseja conocer de antemano cómo actuar ante un movimiento y realizar periódicamente simulacros.

Una mochila de emergencia puede convertirse en un elemento fundamental durante las primeras horas posteriores a un terremoto. Entre los elementos aconsejables se encuentran agua, alimentos no perecederos, linterna, radio, documentación importante, medicamentos de uso habitual y un botiquín de primeros auxilios.

También es importante asegurar muebles y objetos que puedan caer, mantener libres los accesos y vías de evacuación y conocer cómo cortar los servicios de gas, electricidad y agua si fuera necesario.

El dato que debería preocupar no es la cantidad de sismos, sino la vulnerabilidad

Los 18 movimientos registrados en 48 horas pueden llamar la atención, pero el verdadero desafío está en otro lugar.

Argentina no puede evitar que ocurran terremotos. Lo que sí puede hacer es reducir las consecuencias.

La propia información oficial señala que el impacto de un sismo no depende exclusivamente de su magnitud: también intervienen las características del suelo, la profundidad, la distancia al epicentro y, fundamentalmente, la calidad y resistencia de las construcciones.

Por eso, más que intentar adivinar cuándo llegará el próximo gran terremoto, la pregunta debería ser otra:

¿Estamos realmente preparados para cuando ocurra?

La sucesión de movimientos de agosto no permite afirmar que se esté acercando un gran terremoto. Pero sí funciona como un recordatorio de una realidad geológica que atraviesa a buena parte del oeste argentino: la tierra está activa y la prevención no puede esperar hasta después del próximo temblor.

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