MENDOZA.- Pasaron cuatro décadas de la trágica muerte de dos andinistas argentinos tras hacer cumbre en el volcán Tupungato, en el Valle de Uco, y un año y medio de la travesía de las hijas de uno de ellos, quienes en febrero de 2025 lograron recuperar la mochila que estuvo sepultada bajo nieve perenne y que recién fue avistada en 2024 por otros escaladores, tal como contó LA NACION en el verano pasado.
Ahora, la historia reporta una parte sorprendente y emocionante: los minutos antes de la caída al vacío por la ladera de la montaña del experto escalador Guillermo Vieiro, conocido como el “domador del Aconcagua”, y su joven aprendiz, Leonardo Rabal, en enero de 1985. Tenían 44 y 20 años, respectivamente.
LA NACION accedió a material audiovisual que grabó Vieiro en los instantes previos al accidente que acabó con sus vidas, con una duración de más de un minuto. Se trata de uno de los rollos de la cámara Súper 8 que fue hallada dentro de la mochila por otros reconocidos andinistas, quienes se la llevaron y devolvieron el registro documental a la familia. En tanto, hay otras cintas que están siendo procesadas y verán la luz más adelante.
El video al que tuvo acceso este diario muestra la secuencia de un momento cúlmine, de una belleza sublime en una expedición extrema, cuando ambos deportistas habían alcanzado la cima del volcán y se tomaron un descanso antes de emprender la riesgosa bajada. En las imágenes se puede observar la satisfacción, la emoción, el cansancio y la paz de haber logrado el objetivo de pisar el techo del cerro, desde donde se divisan además los picos nevados de los alrededores.La grabación con la cámara Súper 8 antes de la tragedia
En la grabación, sin sonido, se puede ver a Rabal acostado boca abajo, rodeado del equipamiento y la mochila, tomando nota y haciendo algún dibujo mientras contempla sus alrededores, entre piedras, rocas, nubes y nieve. En tanto, Vieiro, con la cámara en mano, se encarga de hacer un paneo y zoom de las cumbres para poder captar la magia del lugar. Minutos después vino lo peor.
En enero de 1985, Vieiro inició la expedición hacia la cima del Tupungato, a más de 6.500 metros de altura, junto a un grupo de diez personas. Durante la travesía, él y Rabal decidieron separarse para explorar una ruta nunca antes recorrida por la cara sur de la montaña, un desafío que marcaría su destino. Tras un terremoto que sacudió a la región, lo que obligó al resto del equipo a abandonar la misión, ellos siguieron adelante y alcanzaron la cumbre, como lo demuestra el registro dejado en la cima.
Pero, en el descenso, cayeron por una pared de hielo y perdieron la vida en el intento. Sus cuerpos fueron recuperados y entregados a sus familias, pero la mochila quedó atrapada en la ladera de la montaña, congelada en el tiempo. Fue a principios de 2024 que “emergió” y volvió a ver la luz del sol, trayendo consigo ecos de una historia que aún conmueve y despierta preguntas, en alusión a la posible incidencia que pudo haber tenido el sismo y a la falta de equipamiento para concretar la hazaña, en una ruta nunca escalada y nunca repetida hasta la actualidad.
El avistamiento de la mochila se produjo gracias al deshielo que se aceleró en los últimos años. Fue entonces cuando un grupo de andinistas que transitaba la peligrosa ruta del volcán la divisó, la identificó y dio aviso a la familia. En ese primer descubrimiento, los andinistas solo extrajeron y bajaron la cámara filmadora que estaba en el lugar. Al revelar uno de los rollos, se conocieron las últimas imágenes de Vieiro y Rabal celebrando en la cumbre antes de fallecer.
Al enterarse de semejante hallazgo en el lugar y el contenido de las cintas, Azul y Guadalupe, las hijas de Vieiro, no solo exigieron su devolución, sino que pusieron manos a la obra para ir en busca de la mochila. Así, decidieron organizar una expedición histórica en febrero de 2025 junto a un equipo de guías y expertos en la montaña, tal como contó LA NACION.
Fueron ellas mismas quienes ascendieron y retiraron la mochila por primera vez en cuatro décadas para traer el recuerdo de su padre de vuelta a casa, con el anhelo de donarlo a un futuro museo de montaña para que pase a formar parte oficial del patrimonio del andinismo argentino.

“Cada una de las cosas que encontramos está en perfecto estado. La mochila está como si se la hubiera sacado ayer, intacta, impecable”, contó en aquel momento Azul a LA NACION, conmovida.
¿Qué había en su interior? Aunque para las hermanas lo que albergaba no representa “una gran sorpresa”, tiene un valor simbólico sin precedentes. Lo dejaron plasmado en una foto increíble, con el inmenso cerro de fondo. Allí se puede observar lo que contenía: un aislante térmico, una bolsa de dormir, una campera, una cuerda con mosquetones, un ocho de escalada, tres piquetas, una cantimplora y aspirinas.
Por Pablo Mannino
