La crisis de la vivienda en España atraviesa su momento más doloroso. A los 87 años, Maricarmen Abascal falleció en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde se encontraba internada desde hace dos semanas. La triste noticia fue confirmada por el Sindicato de Inquilinas de Madrid, entidad que la acompañó durante todo el proceso y que lamentó profundamente un desenlace que calificaron como absolutamente evitable.
La mujer, que vivía con discapacidad y movilidad reducida en el distrito madrileño de Retiro, había sido hospitalizada tras sufrir su cuarto intento de desalojo. El desahucio se concretó finalmente el pasado 23 de septiembre, luego de un extenso litigio judicial por un contrato de renta antigua firmado originalmente por su padre en 1956. Mientras centenares de personas se manifestaban en la puerta del edificio, la comisión judicial ejecutó la medida y Maricarmen debió ser evacuada en una camilla y trasladada en ambulancia.

Maricarmen Abascal, la mujer que generó la empatía de toda España tras ser desalojada. Foto: gentileza
Impacto político del caso de Maricarmen y su lucha por la vivienda en España
A pesar de que la intensa presión social logró que el fondo inmobiliario Urbagestión Desarrollo e Inversión SL diera marcha atrás el 28 de septiembre y firmara un acuerdo con la mediación del Ayuntamiento de Madrid para que pudiera regresar a su hogar de más de 70 años, la solución nunca pudo materializarse en la práctica.
“Si bien se consiguió un acuerdo histórico que le habría permitido volver a su vivienda, esta solución ha llegado demasiado tarde”, expresó el Sindicato de Inquilinas mediante un comunicado difundido por el diario El Mundo y consignado por Noticias Argentinas, donde además calificaron el proceso como un episodio «torturante«.
Convertida en el estandarte bajo el lema “Todos somos Maricarmen”, la mujer había dejado una profunda reflexión tras su expulsión: «No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya».
Su anhelo más íntimo, recordado por el diario El País, era apagar sus días en la misma habitación donde vio morir a su padre en 1960 y a su madre en 2005. Hoy, su partida deja una huella imborrable en la historia social española y en el reclamo por el derecho a la vivienda.
