La noche del jueves quedó marcada por un fuerte movimiento sísmico que sorprendió a miles de mendocinos. El temblor, registrado alrededor de las 21 horas, se sintió con intensidad en distintos puntos del Gran Mendoza y generó preocupación entre vecinos que rápidamente compartieron sus experiencias en redes sociales y grupos de mensajería.
Según los primeros reportes difundidos por el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), el sismo tuvo una magnitud cercana a los 4,5 y 4,6 grados, con una profundidad de aproximadamente 10 kilómetros y epicentro en la zona de Ugarteche, al sur del área metropolitana mendocina.

Lo que más llamó la atención de quienes lo percibieron fue la violencia con la que se produjo el movimiento. “Fue un sacudón muy fuerte, de golpe”, relató una vecina de Godoy Cruz. Otro testimonio coincidió en que el fenómeno estuvo acompañado por “un ruido como si fuera un estruendo”, una característica que suele registrarse en algunos movimientos sísmicos superficiales.
En departamentos como Ciudad, Guaymallén, Las Heras, Luján de Cuyo, Maipú y Godoy Cruz, numerosos vecinos afirmaron haber escuchado primero un sonido sordo y luego la vibración de puertas, ventanas y muebles. Algunos incluso salieron de sus viviendas por precaución.
Afortunadamente, hasta el momento no se reportaron heridos ni daños de consideración, aunque organismos de emergencia continuaban relevando la situación durante las horas posteriores al evento.
Una provincia acostumbrada a convivir con los sismos
Mendoza se encuentra en una de las regiones con mayor actividad sísmica de Argentina debido a la dinámica geológica de la Cordillera de los Andes. Por esa razón, movimientos como el ocurrido este jueves forman parte de una realidad que los mendocinos conocen bien, aunque cada nuevo temblor vuelve a generar inquietud entre la población.
Especialistas recuerdan que, ante un sismo, es fundamental mantener la calma, alejarse de objetos que puedan caer y seguir las recomendaciones de Defensa Civil. La preparación y las medidas preventivas siguen siendo las principales herramientas para reducir riesgos en una provincia donde la tierra, de vez en cuando, recuerda que está viva.
